Ha concluido el proceso electoral interno de los partidos Nacional, Liberal y Libre, un ejercicio en el que la ciudadanía demostró su apoyo a la aún débil democracia hondureña. La participación ha sido masiva y los resultados, aunque no oficiales a 24 horas de haberse realizado el proceso, dejan muchas sorpresas y enseñanzas.
El proceso ha llegado a buen término en medio de las voces que previo al mismo apostaban que no se realizaría, y los problemas de descoordinación que quedaron de manifiesto a lo largo del día, tales como la llegada tarde de las maletas electorales a los centros de votación, la conformación tardía de las mesas, las falencias del padrón electoral, la entrega tardía del Documento Nacional de Identificación a los nuevos votantes y los temas de bioseguridad que se incumplieron en muchos centros.
Si bien se registraron algunos altercados entre los activistas de los partidos, el proceso no se vio empañado por estos hechos aislados. La lección que nos deja es que estos y otros problemas que deberán ser identificados por los partidos políticos que estaban en contienda y los que entrarán al proceso en los próximos meses con miras a las elecciones generales de noviembre y la sociedad en general, tienen que comenzar a ser resueltos por la autoridad electoral, inmediatamente.
La parsimonia con la que se ha manejado hasta ahora el escrutinio de los votos tiene que superarse rápidamente, ya que alargar el proceso solo inyecta elementos de incertidumbre y duda entre los electores y las militancias de los partidos, principalmente el Liberal, donde los resultados dados a conocer por encuestadores a boca de urna están siendo cuestionados por una de las corrientes en contienda.
El CNE está obligado a cumplir su rol, actuar con diligencia y transparencia; su responsabilidad es garantizar la voluntad popular expresada en las urnas y disipar todas las dudas que están generando alrededor del proceso. Las elecciones estilo Honduras deben quedar en el pasado. El reto es, entonces, respetar el voto masivo y trabajar para que todos los problemas detectados hasta ahora no se arrastren hasta las elecciones generales, lo que sería catastrófico para la democracia.