En una reciente homilía dominical, el cardenal Rodríguez excitó a sus compatriotas y al gobierno a una radical modificación en sus comportamientos personales e institucionales, declarando: “Dios quiere que nuestra Honduras camine por distintos senderos, no por los mismos que venimos repitiendo, casi como un callejón sin salida. Cada día, muertos, asesinatos, corrupción, robo, malversación, es necesario cambiar”, clamando por un clima de paz, compasión, solidaridad con nuestros migrantes, obligados al éxodo ante la ausencia de oportunidades.
Por su parte, el presidente del Cohep, Juan Carlos Sikaffy, en entrevista concedida al colega La Prensa, publicada el 19 del corriente, apela a gobernantes y gobernados a efecto de impedir un desenlace negativo en noviembre de este año, afirmando: “Hay intereses oscuros que nos están llevando a una nueva crisis política”, grave declaración que merece la total atención ciudadana.
Adicionalmente, repaso otros aspectos de la actual coyuntura nacional: “Niveles impresionantes de negligencia, displicencia de los funcionarios públicos, falta de transparencia en el manejo de los fondos que ha ofendido a la población. La vacunación por parte del Estado deja mucho que desear. No vemos que se ponga en marcha un plan integrado de reconstrucción y reactivación económica consensuada”.
De agravarse aún más las múltiples crisis que sufrimos: sanitaria, económica, ética, se exacerbará aún más la descomposición social y moral, con mayores niveles de incertidumbre, proclives al caos y el colapso.
Entre tanto, experimentamos cierre de micro y pequeñas empresas, despido de personal —al punto que más de 700,000 personas han desistido en la búsqueda de una plaza laboral—, alzas semanales en los precios de los productos de la canasta básica y combustibles, oposición creciente a las ZEDE, combinándose todo esto para provocar frustración, descontento y alienación colectiva, factores inaceptables para la convivencia armónica y pacífica