Las Naciones Unidas consagran esta fecha a las etnias aborígenes del mundo, que históricamente se constituyeron en los pobladores originales de los distintos continentes y naciones, y que por diversos medios como guerras de conquista e invasiones, enfermedades y desertificación de sus hábitats, pasaron a convertirse, numéricamente, en minorías sometidas por otros pueblos poseedores de tecnologías superiores. En su nueva condición de conquistados y vencidos pasaron a situaciones de privación humana extrema, discriminados de múltiples maneras: prohibición de hablar en público sus lenguas maternas, restricciones en el derecho a la libre locomoción, despojo de sus recursos naturales, imposición de valores culturales, limitaciones jurídicas en el ejercicio del sufragio, educación de inferior calidad, desconocimiento de sus historias y expresiones culturales autóctonas, y confinamiento en espacios geográficos restringidos.
Las poblaciones del llamado Tercer Mundo: América, África, Asia y Oceanía, sufrieron el impacto devastador del expansionismo colonial europeo a partir de finales del siglo XV, en búsqueda de mano de obra y riquezas minerales, para impulsar la acumulación primitiva de capital, que permitió el enriquecimiento rápido de las metrópolis. Pese a ser eventualmente avasallados y sometidos, las etnias aborígenes lograron conservar, cuando menos, aspectos fundamentales de sus valores propios, de sus concepciones del mundo, la vida, la muerte. Aquellas que no fueron capaces de defender, mediante la resistencia activa o pasiva, sus cosmovisiones, tendieron a desaparecer o, en el mejor de los casos, a negarlas, para adoptar las del conquistador y dominador. Los pueblos indígenas han debido mantenerse en actitud defensiva ante la creciente depredación de sus tierras, bosques, aguas, como producto de la voracidad de intereses comerciales que priorizan la ganancia rápida y fácil, a costa del impacto humano y ecológico que provocan en los propietarios originales de esos recursos. Que esta fecha sea propicia para reflexionar y enmendar actitudes y políticas inhumanas y voraces que afectan a grupos poblacionales hoy en minoría numérica, merecedoras de nuevos enfoques y políticas que tiendan a restituir, sea parcialmente, sus patrimonios y legados.