Editorial

Día Internacional de la Paz

La Organización de Naciones Unidas ha instituido la fecha del 21 de septiembre para recordar a la humanidad el anhelo colectivo de que en el mundo priven la armonía, concordia, fraternidad, al interior de cada país y en sus relaciones bi y multilaterales.

Ese ideal y aspiración aún están por convertirse en realidades concretas: múltiples factores militan en su contra: persecuciones contra poblaciones por razones étnicas, religiosas, políticas, ideológicas (China, Turquía, Irak, Afganistán, Myanmar), desplazamientos poblacionales forzados con el propósito de arrebatar a sus legítimos propietarios sus tierras y viviendas (Honduras, Colombia), carreras armamentistas (Rusia, Estados Unidos, China, las dos Coreas), tráfico de personas, armas, drogas (Centroamérica, México, Europa del Este), racismo institucionalizado, conflictos bélicos (Colombia, Etiopía, Somalia, Siria), discriminación por razones de género y preferencia sexual.

Las violaciones a derechos humanos básicos persisten tanto en países del Primer Mundo como del Tercero.

Ya sea de forma separada o combinada estas alteraciones desestabilizan y ponen en precario los múltiples intentos por que prevalezcan la paz, la seguridad y el orden.

La presente pandemia y su devastadora letalidad han exacerbado este dramático cuadro, provocando muertes masivas y polarización entre quienes aprueban el uso de mascarillas y la aplicación de vacunas y quienes las adversan de manera irracional y radical, manipulados por políticos inescrupulosos y religios fundamentalistas.

La paz, a nivel centroamericano, también se ve en peligro ante las pretensiones reeleccionistas tanto en Nicaragua como en El Salvador. En la primera, el arresto arbitrario de opositores es la respuesta del régimen; en el segundo, una creciente resistencia empieza a nuclear el rechazo al autoritarismo de Bukele.