El creciente debate alrededor de la construcción de una megacárcel en Islas del Cisne, cada vez opuesto a tal iniciativa gubernamental, genera un muy positivo despertar entre la población respecto a la imperativa urgencia de impedir que los ecosistemas continúen siendo depredados, directamente incidiendo su destrucción en la salud al facilitar la propagación de epidemias y plagas que impactan directamente en la calidad de vida.
Adicionalmente, se implementan campañas educativas en los distintos niveles a efecto que nos concienticemos acerca de la autodestrucción a que sometemos a Honduras y al planeta al intensificarse el modelo extractivista que se continúa aplicando en la minería a cielo abierto, en la explotación irracional de los bosques, incluso en áreas protegidas por la legislación ambiental, generando energías contaminantes usando derivados del petróleo y carbón.
Quienes se oponen a tal modelo son víctima de represalias e incluso muchos(as) han sido asesinados por parte de poderosos intereses que se lucran con la vigencia y ampliación de tal modelo. El revertirlo es imperativo, al tratarse de la seguridad y bienestar colectivo.
¿Desistirá el oficialismo de construir tal presidio en esa prístina posesión insular, poseedora de guano, abono orgánico proveniente de las excretas de las aves que allí habitan?
Si, acatando la voluntad colectiva, rectifica y da marcha atrás, demostrará ser receptivo, con voluntad política para admitir su error, finalizando la construcción del centro penal La Acequia, en Santa Bárbara, hoy abandonado y deteriorado.
De persistir en la decisión adoptada, las repercusiones ambientales y económicas serán incalculables, contribuyendo a la autodestrucción de Honduras. Estudie lo que ha ocurrido en otras naciones, con el cierre de cárceles en islas cercanas y lejanas a las costas, antes de empecinarse en proseguir en tal idea.