Todas y todos transitamos por la vida en búsqueda incesante de la felicidad. ¿Qué significa este vocablo?, ¿acaso alcanzar la posesión de poder y riquezas?, ¿el ser reconocido, admirado y valorado por la sociedad?, ¿llegar a alcanzar fama y prestigio a lo largo de nuestra existencia?, ¿o el amar y ser amada, sin barreras ni prejuicios, auténtica y perdurablemente, en lo emotivo y erótico?
El sentimiento amoroso puede estar presente junto con el amistoso, lo que revela mutua madurez. La tolerancia, el reconocer errores cometidos y saber perdonar los recibidos indica el haber alcanzado verdadera comprensión de lo que significa enamorarse y ser correspondido. Cuando el estado patológico de los celos se interpone, va deteriorando tal vínculo afectivo, pudiendo llegar a alcanzar resultados trágicos. Ocurren acontecimientos y circunstancias que ponen a prueba la solidez o fragilidad de la relación. Si mutuamente colaboran para remontarlas, las posibilidades de dejarlas atrás representan haber adquirido valiosa experiencia, de utilidad y provecho para el presente y futuro. El amor no correspondido y el rechazo originan estados depresivos que inciden en la salud mental, por lo que es oportuno no continuar empeñados en insistir, para no alcanzar obsesiones, que con el tiempo o bien permanecen o se logra superarlas.
Si ocurre la ruptura ya surgirán otras oportunidades para conocer y valorar a otras y otros, con la inextinguible ilusión de, finalmente, hacer realidad y no fantasía ni espejismo, la búsqueda del nosotros: ella y él, él y ella.
Hoy, a escasas horas de celebrar el Día del Amor y la Amistad, saludamos por igual, tanto a las parejas ya constituidas como aquellas que están en proceso inicial de mutuo conocimiento, en la etapa del cortejo y la galantería. Que ambas transiten por los derroteros del amor, respeto, amistad, tolerancia, comprensión, sin capitular ante inconvenientes surgidos a lo largo de este proceso afectivo por la que todas y todos hemos pasado en su momento.