Opinión

Doble moral

No podemos utilizar un criterio para juzgar a un partido político e inventar otros para los demás partidos. Hay que medirlos a todos con la misma vara y con sentido real del contexto histórico en el que han nacido, con la noción exacta que todos los miembros, líderes y seguidores son parte de la misma generación y cultura política, para no inventar mitos, leyendas y falsos perfiles. Realismo y pragmatismo se requieren en el análisis actual. Cambiar a una nueva cultura política nos va a llevar varias generaciones aun; algo hemos empezado a hacer y hoy día usted encuentra voces críticas clamando por nuevas formas de hacer política en todos los partidos políticos.

Así que no se puede hacer una lectura unidimensional, porque en real sentido histórico y cultural no existen partidos políticos nuevos, sino una manifestación de malestares políticos y sectores productivos emergentes expresados en tendencias, movimientos, liderazgos aún de corte caudillista; una mutación del sistema bipartidista que ha ampliado oportunidades en cada uno de los partidos existentes.

Los partidos hoy día buscan recuperar el rol de mediación entre la sociedad y el sistema de gobierno, mediación que los partidos fueron perdiendo y las ONG o líderes de sociedad civil fueron ganando. Hoy día la ampliación del sistema de partidos, que no es lo mismo que el fin de un sistema bipartidista en términos socioculturales, ojalá consiga el fortalecimiento del sistema democrático.

Todos somos hijos e hijas del sistema bipartidista y su cultura, y estamos obligados a seguir generando las bases para una profundización de la democracia. Las poses puristas y de golpes de pecho no le vienen bien a nadie a estas alturas de la historia política. Con la misma moral debemos medirnos todos, ningún ropaje de color de bandera genera o justifica estándares distintos de medición ético–moral: hijos, hijas de redes familiares, amistades, profesionales, gremiales, vecinales, somos todos.

Esto es como en el mundo privado, no se puede utilizar una moral para los hombres y otra para las mujeres: si usted está en contra de la infidelidad, debe condenarlo por igual en ambos sexos y no con permisividad para los hombres y castigo eterno a las mujeres. No podemos obviar la existencia de una corriente social antisistema de partidos, que ha sido canalizado en su mayoría por candidaturas (a diputados, alcaldes, presidente) vinculados a la farándula y el deporte, facilitado en parte por las reformas políticas que se pactaron en el 2001 y 2002.

Me pregunto si en lugar de la inclusión de la foto en las papeletas se hubieran fortalecido los criterios y requisitos para ser electo en un puesto de elección popular, si los académicos u otros perfiles hubieran podido arrastrar o representar mejor a los inconformes. De momento no lo sabremos. Ninguna candidatura es extraterrestre o divina. Objetividad y racionalidad en el voto. En lo público y en lo privado: ¡No a la doble moral!