Es fácil, muy fácil, fecundar a una mujer, a la madre de sus hijos, para luego abandonarlos, repitiendo una y otra vez esa conducta machista en que la mera satisfacción sexual es el principio y fin de la relación, impersonal y efímera.
Lo que implica un sentido de compromiso es asumir la paternidad responsable, asumiendo los deberes y obligaciones inherentes a tan honrosa distinción, en que la especie se reproduce y la unidad prevalece entre los distintos miembros de la unidad familiar.
El verdadero padre sabe predicar con el ejemplo, impartiendo afecto y sustento incondicional, en diálogo permanente con la prole y la compañera de hogar, sabiendo desarrollar la capacidad de escuchar y comprender puntos de vista distintos de los suyos, dialogando y respetando opiniones ajenas.
No comete el error de tratar de imponer sus propios criterios, ya que se percata que cada hijo(a) posee su propia personalidad, única y distintiva.
Sabe hacer sentir su autoridad paterna sin ser autoritario, sin emplear la violencia física o verbal cuando debe disciplinar, ya que explica el motivo y razón de la sanción.
Es capaz de cerrar la brecha generacional, transmitiendo confianza, amistad, cariño, ternura, por lo que ellas y ellos ven en él, tanto al progenitor como al amigo en quien pueden confiar sus cuitas y sueños existenciales.
Así, es simultáneamente padre, confidente, compañero, accesible cuando ellas y ellos requieren de orientaciones, respaldos, consejos, solidaridad ante las crisis emocionales y materiales, con la certeza que encontrarán en él ese esperado y no siempre encontrado punto de apoyo.
El cariño paterno no le impide comprender que no debe idealizar a su descendencia, por cuanto cada uno(a) de ellos(as) es poseedor de cualidades y defectos; es por ello que, particularmente durante las etapas cruciales de la niñez y la adolescencia, inculca valores que fortalecen el carácter y preparan para la incierta lucha por la vida.
Es de desear que los padres hondureños dejen atrás conductas tales como la irresponsabilidad y la promiscuidad, que aún hoy caracterizan los comportamientos paternos en distintos estratos sociales y niveles culturales.
Un reconocimiento a aquellos que debido a diversas circunstancias, asumen el doble papel de padres y madres y saben asumir las obligaciones cotidianas, con satisfacción y amor.