El calendario de las repúblicas ubicadas en el hemisferio occidental conmemora cada 14 de abril la fecha que evocan la génesis, evolución y perspectivas de las naciones americanas, las que, simultáneamente, poseen características comunes y especificidades propias de sus respectivos pasados, composición étnica, medios geográficos, desarrollo socioeconómico, influencias culturales endógenas y exógenas.
Así, unidad y diversidad caracterizan a nuestro continente pluriétnico y multicultural.
América Latina y el Caribe buscan, finalmente, más allá de diferencias ideológicas, asumir su propio rumbo y destino, su mayoría de edad, alejados de la tutela, padrinazgo e intervencionismo procedente de Washington, adoptando políticas que tienden a estrechar vínculos recíprocos: humanos, culturales, comerciales, a la vez explorando mercados consumidores inéditos en Europa, Asia, África, que posibiliten alcanzar mayores tasas de crecimiento económico –equitativamente distribuidas entre los distintos estratos poblacionales--, que compensen la aún elevada tasa demográfica y creciente envejecimiento de sus poblaciones.
Algunas tendencias contemporáneas: la democratización de sus sistemas políticos, en unas repúblicas presentando más profundidad y voluntad hacia la transparencia, inclusión y rendimiento de cuentas; el dinamismo y diversificación de sus economías exportadoras, ofertando, aun hoy, materias primas no procesadas: agropecuarias, forestales, minerales, lo que implica la no existencia de un valor agregado; las desigualdades en ingresos y oportunidades, más extremas que en cualquier otro continente; el descarte de la opción insurreccional como metodología de acceso al poder: las armas y las guerras fratricidas llegaron a su fin, excepto en Colombia, y potencialmente en Venezuela; si bien en la primera las negociaciones de paz apuntan a una solución pacífica y duradera, a pesar de los intentos de extrema derecha por sabotearlas; la acción del narcotráfico y el crimen organizado, involucrando tanto a los productores de drogas naturales y sintéticas, a los ubicadas en las rutas de tránsito, y a los consumidores, socavando las bases éticas, corrompiendo las instituciones, destruyendo la salud física y mental de miles de personas, infiltrando los sistemas judiciales, policiales, militares, políticos, etc.
La madurez política ha quedado evidenciada en Chile, El Salvador y Costa Rica, en donde las fuerzas electorales perdedoras han reconocido el veredicto del soberano.
Sin embargo, persisten los reclamos y disputas fronterizas entre vecinos, lo que debilita el proceso integracionista.