La democracia tiene el objetivo de promover el ejercicio del poder bajo principios de buen gobierno, de tal forma que un país logre avanzar en el ejercicio efectivo de los derechos de los ciudadanos y en el fortalecimiento del bienestar común.
Para que la democracia funcione la mayoría de habitantes de un país debe gozar de los derechos ciudadanos, entendidos como la libertad individual, libertad de expresión y disfrute de un mínimo de bienestar económico. Pero también la democracia debe garantizar que cada uno de los ciudadanos ejerza sus derechos respetando los derechos del resto de los conciudadanos.
Según estudios realizados al efecto, la democracia se caracteriza por tres rasgos que se vinculan de manera estrecha con su legitimidad: a. Su origen: gobiernos que surjan de la soberanía popular expresada mediante procesos electorales periódicos libres y transparentes; b. Su ejercicio: la forma en que un gobierno toma las decisiones para formular las políticas públicas y las normas; c. Su finalidad: como se hacen realidad, garantizan y preservan los derechos ciudadanos en las esferas política, civil y social.
El buen gobierno es el que se ejerce con respeto a la ley y a los derechos de sus ciudadanos, que busca el bienestar colectivo sin beneficiar intereses particulares, que garantiza a la ciudadanía su seguridad y el acceso a servicios de calidad, actuando con transparencia y honestidad.
El bienestar ciudadano se logra mediante políticas públicas adecuadas y la ejecución de programas y metas focalizadas de beneficio para las mayorías.
Sin embargo, en Honduras, con pocas excepciones, no hemos pasado de la democracia electorera, donde la opinión ciudadana solo cuenta durante el proceso de elecciones, porque una vez pasado este los líderes electos se olvidan de los ciudadanos y ejercen el poder bajo el concepto de que tienen el derecho de decidir y hacer de acuerdo a sus propios criterios e intereses, haciendo caso omiso del hecho que han sido electos para representar los intereses de las mayorías y para buscar el bienestar colectivo.
Aunque los ciudadanos hondureños participamos cada cuatro años en elecciones, tampoco podemos decir que tenemos procesos transparentes y confiables.
La manipulación de los políticos en los organismos electorales, el tráfico de influencias y el uso del poder, son factores que han incidido en la calidad de los procesos. Pero en adición a esto, los contenidos de las propuestas electorales son relativamente pobres. Una tarea fundamental de la política en democracia es que los candidatos les digan a los ciudadanos cuál es su propuesta, los objetivos y una ruta clara para alcanzarlos.
Si analizamos los discursos tradicionales, nos encontramos con una oferta populista centrada en resolver todos los problemas del país, reales o inventados. La estrategia es un discurso genérico donde se promete combatir la corrupción, reducir la pobreza, fortalecer la seguridad, promover educación y salud para todos, mantener una economía balanceada y ahora está de moda, aumentar el bono 10,000.00. Estas ofertas no son acompañadas de propuestas de políticas públicas, programas y acciones que serán impulsados para cumplir con las promesas. Como casi todos los candidatos ofrecen lo mismo, el ciudadano entonces no tiene más opción que centrar su decisión en el candidato mismo, dando lugar al surgimiento de caudillos, que al resultar electos sienten que no tienen ningún compromiso con la ciudadanía.
Honduras es un país de gente joven, con ventajas competitivas para lograr su desarrollo en forma sostenida y equitativa, pero para aprovechar estas ventajas necesitamos transformar los liderazgos políticos. Tenemos que exigir de los que nos piden el voto un programa de gobierno con objetivos y acciones puntuales, para que entonces podamos escoger la mejor oferta. Y una vez en el poder, exigir el cumplimiento del programa de gobierno por el cual lo elegimos. Tenemos una Visión de País 2010-2038 que establece cuatro Objetivos Nacionales y Lineamientos Estratégicos con indicadores de progreso, que debería ser el eje central de cualquier programa de gobierno.
No sigamos permitiendo que una vez en el poder la ciudadanía pase a ser un simple testigo de las decisiones y actuaciones de aquellos a los que confiamos nuestra representación y luchemos por un gobierno inclusivo que busque el bienestar general.