Después de las vacaciones de Semana Santa —demasiado extensas, principalmente en la burocracia estatal, para un país tan necesitado de trabajo y más trabajo como el nuestro—, los hondureños regresamos a nuestro propio vía crucis.
Esa pesada cruz que han colocado sobre las espaldas de los hondureños los malos gobernantes de ayer y hoy está formada y revestida con grandes capas de galopante inseguridad, inflación, corrupción, despilfarro, abusos del sector público y privado, politiquería, demagogia, etc., etc.
Después de la gran cantidad de mensajes difundidos por diferentes vías durante las múltiples actividades religiosas realizadas durante la Semana Santa, cabe la esperanza de que quienes nos gobiernan hayan recibido un baño de humildad y reflexionen con grandeza de espíritu para reconocer sus malas acciones y decisiones y sobre el mal camino por el que conducen al país.
Esperemos que las remembranzas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús que nos relata la biblia reinjerte en la egoísta mentalidad de los políticos el genuino amor al prójimo y les abra los ojos del entendimiento para que vean mucho más allá de las próximas elecciones.
Obviamente, también queda el papel decisivo que le corresponde a cada hondureño en su propio bienestar y en el del país en general. Debemos reconocer que nosotros mismos hemos elegido a la inmensa mayoría de quienes nos han gobernado y, por lo tanto, también tenemos nuestra propia cuota de responsabilidad.
En la actividad económica y social también es mucho lo que individualmente se puede aportar. De hecho, si cada hondureño cumpliera plenamente con sus actividades laborales, de estudio y de solidaridad con los demás, sería mucho más fácil tener mejores políticos y construir un futuro mucho más esperanzador.
Así es que ahora, que ha concluido este larguísimo feriado, retomemos nuestras actividades individuales y colectivas con mayor ímpetu, pero también con un espíritu más solidario, menos egoísta. Y con la convicción de que serán esas las tendencias que favoreceremos incluso en las urnas. Si así lo hacemos estaremos dando una gran contribución para ir disminuyendo el peso de la cruz sobre las espaldas de las actuales y futuras generaciones de hondureños.