Opinión

Crisis severa y múltiple

A tres años de gestión gubernativa, su rendimiento está lejos de ser satisfactorio. Es cierto que heredó una situación caótica y conflictiva, pero también lo es que su desempeño se ha caracterizado por la improvisación e incompetencia.

Un alarmante y creciente endeudamiento público -interno y externo-, agravado por el elevado gasto corriente para mantener a una burocracia sobredimensionada, ha provocado el despilfarro de fondos, descuidando áreas básicas de atención en materia de salud e infraestructura, el deslizamiento de la moneda, la confrontación contraproducente con empresarios y medios de comunicación, además de la no suscripción de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, lo que a su vez impide recibir desembolsos por parte del Banco Mundial y BID.

Al encontrarse en un callejón sin salida y con una capacidad de honrar sus compromisos económicos muy disminuida, ahora se busca colocar bonos en los mercados financieros internacionales, incluso en condiciones que pueden resultar altamente onerosas para el país y su soberanía, al aprovecharse los especuladores de la necesidad y debilidad estructurales de naciones pobres altamente endeudas como la nuestra, para imponer condiciones depredadoras.

La población continuará siendo golpeada por una carga tributaria adicional -la octava durante la administración Lobo Sosa-, llegándose a una situación límite para la precaria diaria supervivencia de las mayoría en condición de pobreza y exclusión.

A la inestabilidad macro y microecónomica se suma la incertidumbre política producto de la manipulación de actas electorales, así como la excesiva lentitud en divulgar los resultados de las elecciones internas -en sus tres niveles-, lo que provoca la creciente pérdida de confianza ciudadana en instituciones y dirigencias.

La decisión del Tribunal Supremo Electoral de declarar sin lugar el escrito presentado por la corriente Salvemos Honduras del Partido Nacional, en el sentido de realizar un nuevo recuento voto por voto de los resultados comiciales, agudiza sospechas, resentimientos y especulaciones, al percibirse que el titular del Ejecutivo se parcializó a favor de su candidato.

Agréguese a esta compleja y crítica situación el notable ascenso de la violencia y criminalidad, la corrupción e impunidad, la evasión en el pago de impuestos, la sensible reducción en los montes de inversión local y foránea, el cierre de empresas, el desempleo abierto y disfrazado.

Así, esta deprimente combinación arroja un saldo altamente peligroso y potencialmente caótico para la gobernabilidad y estabilidad política y económica, con repercusiones funestas para todos, para esta y las venideras generaciones.

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