Opinión

El espectacular despliegue, tanto de elementos de la Policía Militar, fuertemente armados y con sus rostros cubiertos, propio de ese cuerpo de élite, como de medios de comunicación, se sumó el martes a las inusitadas acciones del Ministerio Público que en estos días ha liberado toda una lluvia de requerimientos fiscales por casos de corrupción. Esta vez el turno fue para el Instituto de la Propiedad y tenía como propósito el cumplimiento de órdenes de captura para 17 oficinistas, ocho de los cuales cayeron en el aparatoso operativo policial.

Aunque la portavoz del Ministerio Público, Lorena Cálix, dijo que los sospechosos fueron acusadas por los delitos de abuso de autoridad, malversación de caudales públicos, fraude y encubrimiento, tras investigaciones realizadas a raíz de la denuncia de Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ); Ebal Díaz, presidente del consejo directivo del IP, dijo a la radioemisora HRN que “estas personas están implicadas en un caso de doble planillas; es decir llevaban una “planilla fantasma” por donde drenaban millonarios recursos del Instituto de la Propiedad”.

Según el coordinador de ASJ y representante de Trasparencia Internacional, Carlos Hernández, la organización presentó ante el Ministerio Público más de 100 denuncias por actos de corrupción cometidos al interior del IP, entre ellas: la venta ilegal de terrenos a la orilla de la playa en varias municipalidades de la costa y la venta de un cayo en Islas de la Bahía.

Hernández también mencionó el caso de un ciudadano a quien se le despojó de 40 manzanas de tierra, en el que “está involucrado un político connotado”.

En mayo del año pasado, EL HERALDO, mediante una serie, en exclusiva presentó los espantosos niveles de corrupción en los que se encontraba sumido el IP, poniendo al descubierto casos en las direcciones de Catastro, de Registro y de Regularización Predial.

Como en el resto de la administración pública, los corruptos convirtieron el Instituto de la Propiedad en un feudo de enriquecimiento ilícito. Confiemos, entonces, en que este caso como en otros de corrupción se castiguen a sus protagonistas sin distingos de ninguna clase. “Caiga quien caiga”.