Lo que hoy tenemos, o somos, como individuos o como sociedad no es fruto más que de muestras propias acciones o inacciones y/o las de nuestros antecesores. No intentemos engañarnos.
No son las fuerzas divinas o malignas las que nos marcaron con lo bueno o con lo malo, con el éxito o con el fracaso. Ni siquiera son solo los gobiernos los culpables de los problemas del país o nuestros padres por las dificultades personales de quienes hoy somos adultos.
La responsabilidad es de quienes, en un momento dado, tuvieron poder de decisión, principalmente nosotros mismos.
Por ejemplo, muchos de los delincuentes que hoy nos aterrorizan son hijos abandonados o que pasaron su niñez y adolescencia en la más absoluta precariedad, víctimas del maltrato intrafamiliar u otros tipos de abusos, que no fueron a la escuela y crecieron en una zona controlada por antisociales.
Pero al final lo pasado, pasado. Lo bueno es que si bien no podemos volver sobre nuestros pasos para corregir los errores cometidos o los de quienes, de una u otra forma, sí marcaron nuestro presente, sí tenemos el poder de moldear el futuro para nosotros mismos o para nuestros descendientes.
Y es que de la misma forma que hoy solo cosechamos lo que sembramos o sembraron para nosotros en el pasado, lo que obtengamos o logren nuestros descendientes mañana será simple y sencillamente el producto de las decisiones y las acciones que hoy adoptemos.
Se trata, de que, tanto a nivel individual como colectivo, prestemos atención, por ejemplo, a los niños y jóvenes que se encuentran en riesgo social a fin de ubicarlos en una posición en la que tengan igualdad de oportunidades para que se conviertan en hombres y mujeres de bien, que no sean arrastrados hacia el torbellino de la violencia y la criminalidad.
Esta es una forma de asegurarles un futuro mejor a ellos, pero también a nuestros hijos que no sufrirán los horrendos índices de violencia que hoy padecemos.
Otro ejemplo. Si queremos buenos resultados al final de cada bimestre y del año escolar, ya sea en nuestro papel de alumnos o de padres de familia, desde el primer día de clases debemos empeñarnos en hacer las cosas bien y en el tiempo oportuno. Así obtendremos el resultado deseado: el éxito estudiantil.
No nos lamentemos más del pasado, hagamos las cosas bien de hoy en adelante y estaremos construyendo un mejor futuro.