Gracias a la iniciativa de la rectora de la UNAH, socióloga Julieta Castellanos, al rehabilitar el edificio en ruinas que albergó a la antigua Facultad de Medicina en la Calle Real, hoy la otra mitad de la capital cuenta con un amplio espacio cultural inserto en un complejo físico que comprende la Escuela Nacional de Bellas Artes, el parque La Libertad y la iglesia Inmaculada Concepción, que hará posible el renacimiento de la vida artística de Comayagüela, históricamente relegada a un segundo plano por los gobiernos locales.
Hoy los comayagüelenses podrán asistir a conferencias, exposiciones, foros, presentaciones de autores y obras y reconstruir la historia del antiguo pueblo de indios sin tener que desplazarse hasta Tegucigalpa.
La impresionante labor de proyección a la comunidad que realiza la Lic. Castellanos, con el respaldo de sus más cercanos colaboradores, ofrece una muestra más de la eficacia y transparencia con que ahora se manejan los fondos asignados por el Estado al alma máter, hasta fechas recientes aquejada de déficits inexplicables en su presupuesto anual que la forzaban a contraer préstamos onerosos con instituciones bancarias.
Afortunadamente, esta injustificable situación de penuria crónica ha quedado atrás, y la ciudadanía es testigo ocular de la construcción de infraestructura tanto en la sede central como en los centros regionales, en una expansión física y educativa llevada a cabo de manera equitativa.
Adicionalmente, la UNAH ha logrado recuperar, por la vía legal, predios e instalaciones de su legítima propiedad que habían sido cedidos arbitrariamente a particulares, en transacciones evidentemente dolosas.
El edificio hoy remodelado es un símbolo de cómo se puede pasar, cuando existe voluntad y capacidad, de transformar un plantel colapsado e invadido por la basura y los roedores a un espacio físico que da la bienvenida tanto a espectadores como a creadores, a visitantes y agentes culturales, en una interacción recíprocamente beneficiosa, que genera nuevos proyectos e ideas que nutren la vida cultural de Comayagüela, ciudad que merece recuperar su propio gobierno municipal autónomo y electo por sus pobladores.
Bien hizo la señora rectora en recordar el apoyo brindado por el entonces presidente del Congreso Nacional, Porfirio Lobo Sosa en respaldar, desde el Legislativo, la apertura conocida como IV Reforma, que ha hecho posible que la máxima casa de estudios esté recuperando tanto su prestigio como su identificación con el pueblo, que gracias al pago de sus impuestos hace posible su continua existencia desde aquel 1847 cuando la decisión del mandatario Juan Lindo se combinó con la iniciativa del padre José Trinidad Reyes y sus discípulos para fundar la Universidad estatal.