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Vive, come, sueña fútbol (2do tiempo extra)

El primer mundial de fútbol fue ganado por la selección uruguaya. La competencia se desarrollaba en el Uruguay y vencieron a la selección de Argentina, uno de sus grandes y clásicos rivales. Narran los cronistas que el Estadio Centenario de Montevideo estaba lleno a reventar aquel 30 de julio de 1930, con más de 100 mil almas -principalmente hinchas locales-.

Si bien se podía cruzar desde Buenos Aires en barco, aquella fiesta sería de los seguidores de la “celeste”, que se terminaría imponiendo con un contundente 4-2.Y es que jugar en casa, como equipo local, ofrece muchas ventajas.

Tu público te aúpa masivamente, los futbolistas conocen bien la cancha y -aunque no es correcto- se puede recibir, sin pedirlo siquiera, el favor de un arbitraje inclinado al “equipo de la casa”.

Los participantes argentinos de aquella histórica gran final relatarían años después que, no solo no contaban con el suficiente calor humano desde las gradas, sino que la hinchada uruguaya no los dejaba dormir y les insultaban en entrenamientos, al punto de “temer por sus vidas” si ganaban aquel encuentro.

Desde entonces, Italia (1934), Inglaterra (1966), Alemania (1974), Argentina (1978) y Francia (1998) sacaron ventajas de su localía para alzar la copa que los consagraba como los mejores equipos del orbe.Aunque no hay garantía de éxito para el país organizador, hay infinidad de anécdotas que narran las presiones extradeportivas y deportivas que debieron afrontar los adversarios de los equipos de algunos de esos países sede, las cuales van desde amenazas veladas y malas decisiones arbitrales, hasta resultados sospechosos e improbables en partidos vitales para alcanzar fases ulteriores.

Todo para ganarle al rival, costara lo que costara.Honduras logró su primera participación en la fase final de un mundial de fútbol (España 1982) jugando una hexagonal clasificatoria como equipo local.

En esa oportunidad los astros se alinearon: una excelente selección de jugadores, dirigida por un excepcional director técnico, contó con el fervor de un público volcado a su favor durante los cinco partidos.

El otro equipo que logró su objetivo fue El Salvador, que prácticamente contó con la misma ventaja de Honduras pues la gradería le fue fiel, cual “hermana de sangre”, en casi todos los encuentros -excepto contra la “H”- y más, de forma decisiva, en el enfrentamiento contra México.

Este noble episodio sellaba, de manera simbólica, los graves acontecimientos de 1969 en los que la localía de ambos países mostró una de las peores caras que puede llegar a generar una “competencia deportiva”: la exacerbación de nacionalismos.

Se le llamó la “guerra del fútbol”, sin serlo, por los violentos incidentes que rodearon los duelos entre las selecciones de Honduras y El Salvador para clasificar al Mundial de México 70, cercanos en el tiempo al inicio de las hostilidades.

¿Acaso hay mejor ejemplo para mostrar los contrastantes sentimientos que puede desatar el fútbol? (Continuará)