Columnistas

¿Villano o valor cívico?

Mañana calzan 245 años de haber bajado al planeta José Cecilio Valle, nacido en la que Carlos rey tituló “Villa de Jerez de Choluteca y mis Reales Tamarindos”, no porque el obeso monarca fuera ecológico sino porque los trozos de oro que le llegaban desde la colonia tenían tamaños del ácido Tamarindus indica, cuyo origen no es americano sino de India.

En la Universidad de San Carlos fue bachiller en filosofía (1794) y luego abogado (1803), enriquecidos sus estudios personales con lenguas, economía, ciencias naturales, política y finanzas, historia, geografía, matemáticas y, en particular, con sumo dominio de leyes de Castilla e Indias. Pero por haber sido funcionario real (diputado, defensor de Obras Pías, Censor de La Gaceta, Fiscal de los Reales Cuerpos de Artillería e Ingenieros del Reino, así como alcalde de la urbe Guatemala, para concluir en 1821 como Auditor de Guerra) en el paisito nuestro se generó, por décadas, el concepto de haber sido Valle traidor a sus coterráneos criollos y mestizos, fama que empeoró por su supuesto rechazo a la independencia centroamericana.

Durante mi ocurrencia estudiantil en la Escuela Superior del Profesorado compartí ese criterio, que ningún maestro corrigió, no con solidez. Teníamos vergüenza de José Cecilio, quien por cierto agregó el “del” a su apellido sólo tras coronarse Notario, oficio este nacido entre escribas egipcios y perfeccionado en la Bolonia del siglo XII.Hasta que apareció la hermosa biografía de Louis Bumgartner (que relanzó, traducida por Octavio Sánchez, Editorial UNAH) y empezamos a comprender no sólo la hondura intelectual del cholutecano (el espacio superior tiene profundidad) sino su rigurosa ética y “rebeldía” al sistema colonial vivo y heredado tras la independencia.

Aprendimos, pues, que Valle no firmó el acta subversiva porque no respondía a su rango burocrático; que no es que resistió la autonomía política propuesta sino que conocía a perfección la existencia de un secreto Plan Pacífico con que la oligarquía chapina fraguaba desde 1819 desligarse de España para que el poder siguiera en manos de los mismos, es decir de Gaínza y su aristocracia explotadora de las hermanas provincias.

Valle aspiraba a que fuera un congreso ístmico el que rompiera los vínculos umbilicales con el reino, no la oculta mafia agrícola, empresarial y comercial que la produjo en septiembre. Y prueba certificada de tal aspiración es que denunció públicamente a Pedro Molina y sus compinches, “prócer” chapín, por participar en ello. “Te ostentas liberal y tu idioma propio de los tiempos de oscuridad es de un siervo que alaba a sus patrones”, recrimina (ver: Horacio Cabezas. “Gestión y ocaso del “Plan Pacífico”, en https://www.academia.edu/es/8336268/Independencia).

El día 16 Valle empujó a Gaínza, nuevo jefe de jefes, para que firmara el decreto que convocaba al democrático congreso deseado.“El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que aprende”, escribió una vez, junto a su más loable expresión: “El estudio más digno de un americano es la América”...Qué honor, qué honra haber nacido en la misma y decorosa tierra de ese brillante intelectual revolucionario (a su manera), que es ejemplo e inspiración.