También podríase calificarlo de hombre renacentista, habida cuenta de su sed infinita de conocimientos de todo tipo.
Su vasta biblioteca era la mejor muestra de su intento por abarcar todas las ciencias de su época, con un propósito pragmático: aplicarlas para el mejoramiento de sus compatriotas centroamericanos. Así, fue un utilitarista, en sintonía con su contemporáneo inglés Bentham.
Fue por esa vocación de servicio que decidió dejar temporalmente la quietud de su estudio para intervenir en la administración pública, ora como alcalde de la ciudad de Guatemala, ora como diputado ante el Congreso mexicano, ora integrando la junta provisional integrada en tanto la Constituyente procedía a redactar la nueva constitución política de la naciente República Federal de Centroamérica, ora presentando su candidatura presidencial.
Fue en este último intento que fue víctima del fraude electoral por parte del Congreso Federal, nombrando a Manuel José Arce como primer titular del Poder Ejecutivo, pese a que Valle había recibido la mayoría de votos. Tal manipulación legislativa, en certero juicio de Morazán, representó “el origen de las desgracias de aquella época”.
Ensayos, discursos, epístolas, proyectos de ley, monografías, recogen de manera dispersa el pensamiento del ilustre sabio nacido en la ardiente Choluteca y educado desde temprana edad en Guatemala, ciudad en donde permaneció el resto de su existencia, excepto los breves meses en que se desplazó a la sede del efímero imperio presidido por el auto-proclamado emperador Agustín de Iturbide.
Su sueño de visitar Europa para interactuar con las élites científicas del viejo continente quedó por siempre frustrado.
Esta es una muestra de la multiplicidad de intereses intelectuales del sabio y pensador: “Instrucción sobre la plaga de langosta” (1804); “Arancel provisional para las aduanas de Guatemala” (1822); “Representación al Soberano Congreso de México por uno de sus individuos” (1823); “Manifiesto del Gobierno Supremo de los Estados del Centro de América” (1824); “Manifiesto de José del Valle a la nación guatemalana” (1825).
Gracias a la labor antológica de Rómulo E. Durón, los hermanos Valle Matheu, Carlos Meléndez Chaverri, Ramón Oquelí, se ha recopilado parcialmente la vasta producción salida de la pluma de Valle, en tanto que el periódico que él fundó, El Amigo de la Patria, fue reimpreso en 1969 y 1972, en Guatemala y Honduras, respectivamente.
Su vida y su obra merecieron la atención de Ramón Rosa, Rafael Heliodoro Valle, Rubén Leyton Rodríguez, Pedro Tobar Cruz, Ramón López Jiménez, Eliseo Pérez Cadalso, Medardo Mejía, Louis Bumgartner, Rafael Leiva Vivas, Julio Escoto, Gustavo Zelaya.
Una de las facetas de su existencia aún por ser investigada es la de su relación política con Morazán. La de historiador es analizada por Rolando Sierra, quien concluye que “una de sus preocupaciones intelectuales será la del origen y desarrollo de las sociedades, en el entendido que este conocimiento resulta instrumental a su quehacer político y burocrático.
Valle verá en la historia la maestra que alecciona en el ejercicio del gobierno... el conocimiento del pasado lo concibe únicamente en su relación con el presente y no por el pasado mismo... Durante la administración Cruz se decretó la apertura de la Cátedra Valle; lamentablemente nunca se puso en vigencia tal disposición. Es hora de retomar esa positiva propuesta.