na de las gestas más famosas de Francisco Pizarro se produjo en la isla del Gallo, en la bahía de Tumaco, actual sur de Colombia en la costa del Pacífico. En mayo de 1527, en una época de dificultades sin cuento, afrontando toda clase de infortunios y calamidades, después de dos años y medio de viajes hacía el sur, Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo, la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar.
Es entonces que se produce un suceso que está rodeado de anécdotas aledañas que rozan la leyenda. En ese momento de dificultad que parecía el menos apto para disminuir el número de personas en campaña, es cuando Pizarro traza una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición. Tan solo cruzaron la línea trece hombres: los “Trece de la Fama”, o los “Trece caballeros de la isla del Gallo”.
Es mejor leer directamente la historia contada por José Antonio del Busto: “El trujillano no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena:
— ‘Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere’.
Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya”. Pizarro cuando los vio cruzar la línea, ‘no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada’. Sus nombres han quedado en la Historia. Más allá de las lecciones de historia, me interesa remarcar que gran parte de las gestas de todos los tiempos no han sido tan populares, tampoco han contado con el respaldo de muchos.
En el caso de Honduras aquejada de diversos problemas, más que cuestión de cantidad se trata de dar con ese grupo de personas que con su carácter, su trabajo bien hecho, su compromiso con la ética y sobre todo con una vocación de servicio sean capaces de darle la vuelta a una situación que para muchos se presenta como insostenible.
En el 2021 se cumplen doscientos años de historia que nos dejan muchas lecciones. Una vez más faltan “unos pocos con valor” capaces de cargar sobre sus espaldas con los desafíos más importantes de nuestro tiempo. Personas que cambien la cultura de la escasez, del pesimismo, de la mediocridad y de pactar con lo más fácil. Necesitamos una nueva cultura capaz de infundir en los más jóvenes el espíritu de conquista. Urge fomentar el orgullo de ser hondureños y convertir los problemas no en ocasiones de aumentar una lista interminable de lamentos sino en la oportunidad de oro para aprender a crecerse ante los obstáculos