Columnistas

Trump y el infierno centroamericano

Una especial amiga que reside en Ginebra me acaba de mandar un artículo de Joaquín Villalobos, que luego –con la velocidad luz de las redes sociales- también me lo reenviaron desde aquí. Debo decir que Joaquín Villalobos es el comandante guerrillero que más admiré en la guerra civil que desangró a Centroamérica en los años 80. Lo conocí en San Salvador, en un recinto de votación, cuando ya la guerra había terminado. Respetado y brillante estratega militar, combatiente guerrillero, líder revolucionario, Joaquín terminó de estudiante de ciencias políticas en Oxford, Inglaterra, confrontado ideológicamente con sus antiguos camaradas del FMLN, tras aceptar paladinamente el rotundo fracaso del marxismo.

El artículo se denomina “Trump y el infierno centroamericano” y en él hace un recuento de los bandazos que distintos presidentes estadounidenses, desde Kennedy, Nixon, Reagan, hasta llegar a Obama, han dado en la región. Un día ordenan represión total –o la política de la zanahoria y el garrote- al otro día ordenan reformas, respeto a los derechos humanos, combate a la corrupción.

Relata el exlíder guerrillero que las remesas llegaron al Triángulo Norte casi como una “bendición”, pero pronto se convirtieron en una “maldición”, por cuanto apagaron los motores de la producción y generaron una “falsa economía” de servicios y consumo, dependiente totalmente de la exportación de seres humanos y beneficiando únicamente a las élites.

En su interesante escrito, en el cual no deja lugar a dudas de su amplísimo conocimiento de la región y del expertis que adquirió en la dirección del conflicto salvadoreño –que dejó unos 80 mil muertos- Villalobos suena las alarmas sobre la “tormenta perfecta” que desatará Trump sobre Guatemala, El Salvador y Honduras. Se trata, explica, de cuatro golpes simultáneos.

Se refiere al cierre de la frontera, los impuestos a las remesas, la deportación de miles de trabajadores y el envío de centenares de pandilleros a unos países que ya fueron derrotados por la criminalidad. Las alarmas disparadas por Villalobos deberían de retumbar en los oídos de los presidentes del Triángulo Norte. Ojalá y así sea.

*Periodista