Columnistas

Todos unidos por Honduras

Los retos que los hondureños tenemos por delante son de una gran magnitud y, por lo tanto, debemos unirnos para enfrentarlos, conscientes que solo así lograremos levantarnos ante tanta adversidad.

En primer lugar, aún no hemos logrado superar la emergencia sanitaria originada por el covid-19 y el riesgo de un rebrote, debido al relajamiento provocado por las nuevas emergencias, se ha incrementado y el gobierno debe continuar con su plan de contingencia sanitaria. Mientras no se tenga acceso a la vacuna contra el virus, todos seguiremos expuestos a los riesgos de contagio, conscientes que a esta fecha el coronavirus ha infectado a más de 59 millones y provocado la muerte de cerca de 1.5 millones de personas en todo el mundo.

Para nuestra desgracia, durante este mes de noviembre de 2020 los huracanes Eta y Iota provocaron inundaciones en la mayoría del territorio nacional, ensañándose principalmente con la zona norte y con especial impacto en el valle de Sula. Estos dos fenómenos han provocado daños a la infraestructura con puentes y carreteras destruidas, miles de personas, especialmente de escasos recursos, forzadas a abandonar sus viviendas en medio de las inundaciones y grandes áreas de productos agroalimentarios dañadas.

Ahora nos corresponde enfrentar las tareas de reconstrucción de la infraestructura dañada, ayudar a las personas que han perdido sus hogares y promover condiciones crediticias para la recuperación de la producción agrícola afectada. Para esto, el primer paso debe ser que un equipo de trabajo integrado por personas honorables y competentes cuantifique los daños, elabore una hoja de ruta estableciendo, en orden de prioridades, las acciones a tomar y se prepare un plan financiero para readecuar el presupuesto y obtener los recursos para ejecutar el plan de reconstrucción.

Experiencia similar tuvimos a finales del año 1998 con el huracán Mitch y en ese entonces se anunció que como parte del proceso reconstructivo se iba a evitar que el país se viera afectado por futuros fenómenos similares, pero todo quedó en buenas ideas, nada más. Ahora es el momento de ejecutar las obras de contención, los canales para conducción del agua, las represas para acumular los excesos de agua, reubicar a las familias de escasos recursos que levantan sus humildes viviendas a las orillas de los ríos o en sitios proclives al deslizamiento de tierra. No podemos seguir sufriendo estas experiencias que representan pérdidas de vidas humanas, costos millonarios y angustias para miles de personas. Resulta evidente que necesitaremos el acceso a financiamiento de organismos multilaterales a largo plazo y tasas bajas de interés, reconociendo que tenemos una capacidad muy limitada de endeudamiento y sobre todo tendremos que recurrir al apoyo de la comunidad internacional. Para esto se necesita que el gobierno, en cooperación con el sector privado, diseñe un mecanismo que garantice el manejo eficiente y transparente de las donaciones que se reciban para la reconstrucción. Honduras tiene mala fama como un país donde impera la corrupción, aunque nos duela y no es creando un Ministerio de la Transparencia como se resolverá ese mal. Mientras tanto, tenemos que empezar a trabajar sin dilatoria y con fe y esperanza que saldremos adelante.