En este día de Tegucigalpa, quiero felicitar y agradecer a todos los capitalinos, cuya hospitalidad me hace sentir como en casa.
Cuando llegué, me encantaron sus lomas y calles que suben y bajan como sacadas de un cuento.Esas calles guardan una historia europea. Nacida en 1578 como Real de Minas, la ciudad conserva la huella española en la Catedral de San Miguel Arcángel y la Iglesia de Los Dolores; la francesa, en el Teatro Nacional Manuel Bonilla, inspirado en el Athénée de París; y la alemana, en La Leona, el antiguo barrio Berlín de los comerciantes alemanes.
Ya lo dijo el rey Juan Carlos en 1977, primer jefe de Estado europeo en visitar Honduras: «es difícil pasar por las calles y plazas de Tegucigalpa y no sentirse conmovido». Y agradeció una hospitalidad que, como decía Gracián, «es la mejor expresión de la hidalguía». Felipe VI, que había venido seis veces como príncipe, volvió como rey en 2022.
Dos años después, Tegucigalpa es para mí más que la sede de la Delegación de la Unión Europea: es mi hogar. En cada desplazamiento busco con la mirada la silueta verde de El Picacho, mi brújula, y me emociona la Basílica de Suyapa, donde Juan Pablo II celebró misa en 1983.
He descubierto una ciudad de universidades llenas de talento y de cultura: la de Juan Ramón Molina, el gran poeta modernista nacido en Comayagüela; la de Clementina Suárez, que llenó la capital de versos y arte; la de Regina Aguilar, madre de nuestro alcalde, cuyas esculturas de vidrio y metal brillan en su galería In Vitro. Y una naturaleza desbordante: basta subir a La Tigra, primer parque nacional del país, para entender que esta capital respira gracias a su montaña.
Me honró que el alcalde Juan Diego Zelaya oficializara un bulevar en honor a la Unión Europea: un vínculo de amistad y valores compartidos, ahora visible en el mapa de la ciudad.
Gracias, Tegucigalpa, por acogernos no como visitantes, sino como vecinos. La Unión Europea seguirá acompañando a Honduras con el compromiso de siempre. Pero permítanme hablar como alguien que vive aquí: feliz cumpleaños, Tegucigalpa. Que sigas siendo una ciudad que sabe recibir como solo saben hacerlo los hondureños: con los brazos abiertos, con cariño, con educación, con sensibilidad e incluso con ternura.
Por Gonzalo Fournier Conde, embajador de la Unión Europea en Honduras