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Sin justicia no hay paz

Evidentemente, un jefe de Estado debe gobernar para hacer justicia, infelizmente en Honduras no es así.

Recientemente, fueron puestos en libertad 22 personas, entre ellos diputados, empresarios, funcionarios públicos y desde luego políticos imputados en actos de corrupción por malversación de fondos en el caso llamado Pandora. Malversaron 282 millones de lempiras destinados a campañas políticas y a cuentas particulares. Este hecho ha provocado el rechazo e indignación del pueblo, afirmando la desconfianza y la ausencia de credibilidad en el sistema de justicia hondureña y, desde luego, de la clase o raza política y que otros la nombran mafia política.

Este caso Pandora fue investigado por la Ufecic-Maccih, encontrados culpables y acusados formalmente, pero, como la Maccih (gran instrumento jurídico de valiosa ayuda al sistema de justicia de Honduras), fue expulsada de Honduras por el voto de 81 diputados del Poder Legislativo, quedando allanado el camino para el sobreseimiento definitivo para los actores del caso Pandora y otros que vendrán.

Ciertamente, sin justicia no hay paz. La justicia es un valor moral y ético, es un bien común que controla y rige el destino de las sociedades. Si fracasa o falla la justicia, falla todo. Su fundamento se basa en un consenso amplio entre los individuos sobre lo bueno y lo malo, y otros aspectos prácticos de cómo deben establecerse las relaciones entre personas.

La justicia es, por otro lado, un bien que debe residir en la voluntad y en lo racional, “No es justo conocer solamente lo que es recto sino, además, actuar rectamente”; es decir, que se considera como forma moral y natural de la voluntad del hombre.

La historia de corrupción e impunidad en Honduras de los últimos años demuestra la carencia de justicia. La gran cantidad de delitos impunes da para entender, del por qué la ciudadanía ha perdido la confianza y la credibilidad en el sistema de justicia del país. En primer lugar, creemos que por su mal comportamiento, por los abusos y por una actuación cada vez más dudosa, nos muestran que dejó de ser independiente y se puso al servicio del poder político para asumirlo y justificarlo; hecho que, en alguna medida, la lleva a ser cómplice del dinero sucio que llena las arcas de los corruptos, entre los que se cuentan muchos funcionarios públicos, empresarios y políticos, y donde los compadrazgos y las complicidades administran la inmoralidad que la afecta directa e indirectamente. Este accionar conduce al ejercicio de una dualidad, a la anulación, prolongación, confusión y falsa interpretación de las sentencias y de los juicios; todo esto sumado a los casos que prescriben con el tiempo, en forma evidentemente sospechosa y extraña.

Vemos así que la justicia de Honduras se encuentra sumida en una enraizada, profunda y severa crisis. Quizá la más importante, que ha llevado a un callejón de difícil salida. Y así, todos coincidimos en que habitamos un país donde hay Poder Judicial, pero no hay justicia. Por lo tanto, el pueblo no duda en afirmar que uno de los principales problemas de Honduras es la ausencia de justicia. A esa situación se pueden remitir muchas de las faltas y fatalidades que a diario sufren los ciudadanos y que, en algunos casos, adquieren verdadero dramatismo como el robo del dinero del pueblo destinado para la pandemia del covid-19, proyectos y programas agrícolas, de salud, de educación, de infraestructura y otros; lo mismo que el serio problema de la inseguridad que cada día cobra más víctimas.

El hecho de que en Honduras exista un sistema de justicia enemistado con la justicia, tiene como consecuencias notables, que, en el mismo sistema de justicia de USA particularmente en el distrito sur de New York, sus fiscales han etiquetado a Honduras como un narco-Estado, por lo tanto, se da por entendido, entonces, que la corrupción e impunidad tiene carácter institucional. Al rotular a Honduras como un narco-Estado se da por hecho que todos los funcionarios públicos son cómplices y han hecho causa común para que así lo establezcan.

Por lo tanto, se considera que las redes de corrupción están en cada institución y por todos lados, por lo que el pueblo hondureño se convierte en testigo del surgimiento de multitud de actos de corrupción, de aquí salta el rumor popular “en Honduras donde usted toca sale el pus de la corrupción”.

Si bien la corrupción es una realidad mundial que afecta a las naciones desarrolladas y a las que no lo son; también pone en evidencia el grado de tolerancia de las sociedades. Vemos así que Honduras es uno de los países más corruptos del mundo, y que para salir de esta turbadora situación de injusticia se necesita indefectiblemente un inmediato cambio estructural, un cambio de gobierno. Queda planteado.