Algunos opinaban que el covid-19 se quedaría confinado allá en Wuhan, provincia de Hubei, China, con una distancia de 14,534 kilómetros entre Tegucigalpa y la ciudad donde tuvo su origen el virus mencionado, era imposible que llegara a Honduras —pensaban los más ingenuos—. China continental es una nación que estuvo y sigue estando en el centro de la controversia de un mundo dividido por cuestiones ideológicas y políticas. Las noticias generadas en esa nación, sobre todo cuando son negativas, al llegar a los países con una fuerte influencia del mundo occidental y cristiano, terminan siendo de amplia difusión y exageradas en su contenido.
Casi todo el mes de febrero del presente año en la prensa hablada, escrita, televisada y en las redes sociales el nombre de la hondureña Samantha Murillo se popularizó, todos los días ocupaba espacios destacados. La compatriota tenía tres años de estudiar la carrera de química y farmacia en China, precisamente en la ciudad donde apareció por primera vez la pandemia. Del caso apuntado se ocupó hasta el canciller de la República, Lisando Rosales, haciendo gestiones para lograr el retorno de la joven Murillo a nuestro terruño, gestiones que por cierto no dieron resultados. Se habló con las autoridades colombianas —país que tenía varios de sus compatriotas en igual situación— y, además, se hizo gestiones con los Emiratos Árabes Unidos, Nepal y Ucrania. Había la intención de llevar el caso a las Naciones Unidas (ONU). Como se puede observar, el caso de la joven Samantha Murillo, más allá del problema humano, de manera subliminal, fue abordado como un tema político. De esta manera, la embajadora de Honduras en Taiwán mostró su preocupación por el caso, manifestando que junto a otros embajadores “haría hasta lo imposible por ayudar a la compatriota”, emitiendo juicios valorativos de naturaleza política, al decir que la joven Murillo estaba careciendo de todo, incluyendo alimentación… “repito, hay fuertes restricciones —refiriéndose a China continental—al final solo podíamos mandarle avena, galletas en polvo y leche en polvo”. Tomando en cuenta que uno de los involucrados en el asunto era China, país considerado enemigo de Estados Unidos, había que ponerle, en atención a la lealtad de nuestras autoridades con la política estadounidense, un elemento de crítica al manejo que le estaba dando el país asiático a la pandemia.
Contrasta el tratamiento dado por el gobierno al caso comentado con el silencio e indiferencia ante la muerte de más de 200 compatriotas a causa de covid-19 en los Estados Unidos, según denuncia hecha por organizaciones de hondureños residentes en la nación del norte. A muchos de los fallecidos se les ha enterrado en fosas comunes para que su evocación perdure en el anonimato. La última noticia que se tiene de Samantha es que ya estaba recibiendo clases en la universidad donde piensa graduarse y que todo el movimiento que hubo para su regreso a Honduras terminó en nada, al final, después de todo, lo que recibió fue una llamada telefónica “…para darme ánimo”, ha dicho la graciosa jovencita limeña.