Semana Santa 2026
Los últimos presidentes, alcaldes, senadores y demás puestos de elección popular alrededor del mundo han sido elegidos por analfabetas, y así será en Honduras en este próximo noviembre. Que cómo me atrevo a tal afirmación en un mundo en el que cada vez son menos las personas que no saben leer y escribir. En realidad, me refiero a un concepto mucho más amplio, y dentro de él, a una especificidad: la alfabetización digital y audiovisual.
Una de las principales herramientas de los diferentes candidatos a elección popular en los próximos comicios en Honduras serán las redes sociales. Se valdrán, por supuesto, de la publicidad pagada que interrumpirá los entretenidos videos o aparecerá intempestivamente entre el último escándalo de una celebridad y una enternecedora publicación de un bebé jugando y cayéndose. Irónicamente, es posible que un par de publicaciones después haya un meme -quizá la voz del pueblo- que no necesariamente le convenga a la imagen del candidato.
Habrá, además, una variante de esa publicidad, que será la expresión personal de los seguidores de los líderes de los diferentes movimientos. Será una especie de publicidad encubierta, que intentará vendernos a los candidatos como personas empáticas, amigables y modernas. Perfectos para gobernarnos. Y claro, desde el bando opositor habrá también expresiones menos amigables.
Será un exquisito bombardeo de información para una población que no ha sido educada para interpretar tanto contenido. Muchos estarán confundidos, no sabrán qué hacer, no sabrán qué creer y muy probablemente terminen eligiendo por la emotividad o por la cara más vista. Estarán demasiado entretenidos. Es decir, nada muy distinto a los tradicionales medios de persuasión.
Esto no puede hacer más que jugarle en contra a Honduras, porque en otras palabras, es una población susceptible a la manipulación. No será un golpe de suerte el que nos dará buenos gobernantes.
Diría yo que el retraso es tal que hasta en el progreso retrocedemos. Las prácticas manipuladoras de antaño simplemente se van renovando. Antes se hacía con la falta de información, y ahora se hace con el exceso de ella. A veces falsa, a veces cierta con matices falsos y a veces verdadera pero manejada a la propia conveniencia.
Esto va más allá de saber usar una computadora, una tablet o un teléfono. El problema ni siquiera es el acceso, es sobre saber interpretar el contenido. Es necesario que las personas sepan distinguir entre aquel contenido que las hace sentir bien y el contenido que les hace bien. El primero está relacionado a la risa, a la misericordia, a la nostalgia, a los anhelos: los manipula. El segundo está relacionado al pensamiento crítico: los libera. Y si a la larga consume el peor de los contenidos, sabrá lo que es, lo que significa, y no causará ningún efecto sobre él.
¿Hay alguna solución? Por el momento nada de esto es reversible, ya no hay nada por hacer. Pudo haber una solución si nos hubiéramos preparado para ello, pero ya no. Y si quisiéramos una, tendría que ser una respuesta a nivel de país. Pero el problema es tan profundo que no acertaría en este momento a explicar cuál es la solución precisa. Por lo pronto serán los analfabetas digitales y audiovisuales los que elijan a nuestros gobernantes.
Una de las principales herramientas de los diferentes candidatos a elección popular en los próximos comicios en Honduras serán las redes sociales. Se valdrán, por supuesto, de la publicidad pagada que interrumpirá los entretenidos videos o aparecerá intempestivamente entre el último escándalo de una celebridad y una enternecedora publicación de un bebé jugando y cayéndose. Irónicamente, es posible que un par de publicaciones después haya un meme -quizá la voz del pueblo- que no necesariamente le convenga a la imagen del candidato.
Habrá, además, una variante de esa publicidad, que será la expresión personal de los seguidores de los líderes de los diferentes movimientos. Será una especie de publicidad encubierta, que intentará vendernos a los candidatos como personas empáticas, amigables y modernas. Perfectos para gobernarnos. Y claro, desde el bando opositor habrá también expresiones menos amigables.
Será un exquisito bombardeo de información para una población que no ha sido educada para interpretar tanto contenido. Muchos estarán confundidos, no sabrán qué hacer, no sabrán qué creer y muy probablemente terminen eligiendo por la emotividad o por la cara más vista. Estarán demasiado entretenidos. Es decir, nada muy distinto a los tradicionales medios de persuasión.
Esto no puede hacer más que jugarle en contra a Honduras, porque en otras palabras, es una población susceptible a la manipulación. No será un golpe de suerte el que nos dará buenos gobernantes.
Diría yo que el retraso es tal que hasta en el progreso retrocedemos. Las prácticas manipuladoras de antaño simplemente se van renovando. Antes se hacía con la falta de información, y ahora se hace con el exceso de ella. A veces falsa, a veces cierta con matices falsos y a veces verdadera pero manejada a la propia conveniencia.
Esto va más allá de saber usar una computadora, una tablet o un teléfono. El problema ni siquiera es el acceso, es sobre saber interpretar el contenido. Es necesario que las personas sepan distinguir entre aquel contenido que las hace sentir bien y el contenido que les hace bien. El primero está relacionado a la risa, a la misericordia, a la nostalgia, a los anhelos: los manipula. El segundo está relacionado al pensamiento crítico: los libera. Y si a la larga consume el peor de los contenidos, sabrá lo que es, lo que significa, y no causará ningún efecto sobre él.
¿Hay alguna solución? Por el momento nada de esto es reversible, ya no hay nada por hacer. Pudo haber una solución si nos hubiéramos preparado para ello, pero ya no. Y si quisiéramos una, tendría que ser una respuesta a nivel de país. Pero el problema es tan profundo que no acertaría en este momento a explicar cuál es la solución precisa. Por lo pronto serán los analfabetas digitales y audiovisuales los que elijan a nuestros gobernantes.