Columnistas

Político frustrado, ciudadano indignado

En un entretenido programa jocoserio de noticias que suelo escuchar cotidianamente por la manera agradable en que sus dos presentadores manejan los temas del día, me sorprendió que, al cierre del espacio, uno de esos dos viejos amigos periodistas se refirió amistosamente a mi persona como “un político frustrado”. Tienen toda la razón, reflexioné, al tiempo que esbozada una sonrisa.

Les confieso que mi vida política se inició en la oposición, y estoy seguro, que ahí, en esa oposición, terminaré mi libro de experiencias, aventuras, sueños, frustraciones, empeños y éxitos en el fascinante campo de la política.

Al final de los años cuarenta, mi familia entera festejó el fin de los cuatro períodos continuistas del cariísmo. Nosotros, la juventud de ese tiempo, buscó nuevos aires de libertad; fuimos quizás, la primera generación que no le tuvo miedo al abuelo revolviéndose en su tumba porque los nietos no habían aceptado el partido político de sus ancestros.

Por ello, sin hacerme liberal, sentí admiración por los cambios positivos del doctor Villeda Morales, lastimosamente, por mis funciones en mi primer empleo, comencé a conocer algunas piruetas de algunos funcionarios que no eran ni morales ni legales y eso me frustró. Conocí de cerca las intríngules que rodean el poder; las zancadillas entre funcionarios; los chismes, las conspiraciones, las deslealtades y las traiciones, al igual que los pininos de corrupción que empañaban el comportamiento correcto de las excepciones de la regla.

Cuando incursioné en la política universitaria en los sesentas rehusé integrar los dos frentes antagónicos de aquellos tiempos y me enrolé en el Frente Social Cristiano “FRESC”, llegando a ocupar la vicepresidencia de la Asamblea Constituyente de la FEUH, que logró terminar con la dictadura estudiantil que patrocinaba el Gobierno Militar/Nacionalista de aquel tiempo.

Mucha agua ha corrido bajo el puente Mallol, muchos gobernantes han calentado la silla presidencial, algunos pocos para bien y demasiados otros para mal. Otra cantidad de ejemplares han acariciado las curules del Congreso Nacional y disfrutado de sus jugosos cheques sin dar nada a cambio.

Cuántos gobiernos de todos los matices han pasado, cuántas estrellas en lienzo verde olivo, cuántas veces nos han obligado a permanecer sumergidos en el oscuro pantano del subdesarrollo. Tratando cada cuatro años, emprender un nuevo vuelo hacia mejores horizontes; pero las alas están agotadas, el ave esta herida y no hay esperanzas de un paladín o heroína capaz, transparente y valiente que asuma la responsabilidad de rescatar la patria.

Los últimos años han sido destape de escándalos de corrupción con permanentes nubarrones presagiando tiempos peores si no hay un golpe de timón en la conducción de esta nave.

Trece años de retroceso no han hecho mella en la conciencia de gobernantes y, para colmo, la desfachatez de muchos de seguir en el poder contra la voluntad abrumadora y mayoritaria del pueblo. Me convenzo, soy un político frustrado; la lucha aún no nos conduce a la meta anhelada.

No es extraño entonces, que siento haber ingresado, con otros miles de compatriotas, en el territorio de los ciudadanos indignados. Señor, ayúdanos a salir pronto de esta pesadilla