Han transcurrido siete meses desde el cambio de gobierno y seguimos esperando que nuestras autoridades nos informen sobre su plan de gobierno y plan estratégico para impulsar Honduras hacia un desarrollo sostenible y equitativo.
Todos estamos conscientes de que Honduras goza de muchas ventajas comparativas que le permitirían un proceso de cambio transformacional. En primer lugar, nuestro país cuenta con una vasta dotación de recursos naturales que adecuadamente explotados y cuidando del medio ambiente podrían ser generadores de riquezas y de empleo; se tiene una variedad de destinos turísticos que nos permitirían atraer turismo masivo de toda clase; se cuenta con una cercanía geográfica con los Estados Unidos de América, el mercado principal para nuestras exportaciones y facilitador de remesas familiares.
Desafortunadamente, todas esas bondades de que goza nuestro país han sido, hasta la fecha, desperdiciadas por una dirigencia política miope y cortoplacista, que solo busca su lucro personal y el de sus allegados como objetivo principal, lo que ha derivado en una falta de institucionalidad que impide atraer y sostener la inversión privada nacional y extranjera. Como consecuencia, el nepotismo, la corrupción y la impunidad han prevalecido para beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría de los hondureños.
La experiencia ha demostrado que para que un país logre un desarrollo sostenible se necesita contar y trabajar en función de una visión de largo plazo y tener un equipo de gobierno competente y compenetrado con la misión a desarrollar. Al contrario, nuestra experiencia ha sido que cada gobierno inventa su plan de desarrollo de cuatro años y no hay continuidad en el proceso de implementación y nunca se alcanzan los resultados esperados.
Hace aproximadamente 20 años se aprobó la Estrategia para la Reducción de la Pobreza, que contó con todo el apoyo de la comunidad internacional y que por primera vez se le dio seguimiento durante dos períodos de gobierno, hasta lograr la condonación parcial de la deuda externa y la ejecución de proyectos y programas definidos en dicha estrategia. Desafortunadamente, no se continuó con su implementación y poco a poco la estrategia desapareció de la agenda de los gobiernos posteriores.
Igualmente, mediante decreto No. 286-2009 se aprobó la Visión de País (2010-2038), la cual define cuatro objetivos nacionales y lineamientos estratégicos que, a nuestro criterio, siguen teniendo vigencia y podrían ser utilizados por el nuevo gobierno. Estos objetivos son: 1. Una Honduras sin pobreza, educada y sana, con sistemas consolidados de previsión social; 2. Una Honduras que se desarrolla en democracia, con seguridad y sin violencia; 3. Una Honduras productiva, generadora de oportunidades y empleo, que aprovecha de manera sostenible sus recursos y reduce la vulnerabilidad ambiental; y 4. Un Estado moderno, eficiente y competitivo.
Sugerimos que el nuevo gobierno por lo menos le dé un vistazo a esa Visión de País, que es una Ley de la República, y utilice lo que considere puede contribuir a los objetivos deseados por las autoridades, conscientes que el desarrollo se logra con estrategias, objetivos y acciones, ejecutadas consistentemente durante varios años.