¿Paz mundial sin justicia internacional?

“Sin Justicia no puede haber paz”: Desmon Tutu (1984). En momentos en que el mundo se ve agitado por guerras, confrontaciones y conflictos, el ataque contra de la Justicia internacional constituye una acción en contra de la paz. La Premio Nobel de la Paz 2026, Navy Pillay es ferviente defensora del derecho internacional, hoy bajo asedio

  • Actualizado: 09 de octubre de 2026 a las 12:49

“La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la Justicia en todas partes”, dijo el recordado pastor estadounidense Martin Luther King (Nobel 1964). La líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, recordó al recibir el Premio en 1992 que “la paz no es solamente la ausencia de guerra. Mientras haya racismo, discriminación y exclusión, difícilmente podremos alcanzar un mundo en paz”.

El derecho internacional tiene sus orígenes hace más de tres mil años, pero se ha ido desarrollando en la medida en que la humanidad ha comprobado la necesidad de que existan reglas y leyes con tribunales y organismos que las hagan valer, porque de lo contrario, el mundo simplemente viviría bajo el yugo que impongan los poderosos.

Lo que hoy conocemos como estructura legal internacional tiene su basamento en la necesidad de impedir nuevamente guerras mundiales o entre países, en las que siempre se violan los derechos de los civiles, como bien estamos viendo en Ucrania y constantemente se da en la región explosiva de Medio Oriente, como las guerras en Gaza e Irán recientemente, con actos que pueden calificarse de “crímenes de guerra”.

Este año el Premio Nobel de la Paz ha recaído en la abogada y exjueza sudafricana Navi Pillay, quien luchó contra el “apartheid”, fue defensora de otro Nobel, Nelson Mandela (1993), presidió el Tribunal Internacional para Ruanda y ocupó cargos en la Corte Penal Internacional (CPI), además de llegar a ser nombrada Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Es decir, alguien con una hoja de vida que revela por qué se le reconoce como ferviente defensora del derecho internacional, ese mismo que hoy está bajo fuego de poderosos líderes mundiales.

El mensaje del Comité del Premio Nobel es precisamente el de colocar un contrapeso a los esfuerzos que hoy se observan para desacreditar a las cortes internacionales y debilitar, incluso, a los organismos multilaterales que defienden los Derechos Humanos y se presentan como foros para la búsqueda de soluciones, en vez de tener que recurrir a las armas, la intimidación y, finalmente la opresión de los poderosos sobre los más débiles.

La galardonada Pillay se convertirá seguramente en la voz de quienes quieren justicia a nivel internacional, porque saben que es la única forma de lograr la paz, o que, al menos, esta no deje de ser una esperanza para la mayoría de la humanidad, que quiere, por sobre todas las cosas, vivir en paz y armonía. Esto, hay que tenerlo claro, es un sueño, pero un sueño que nunca debemos dejar que muera, porque entonces vendría el descalabro global.

Revisando las noticias, las expresiones y actitudes, es fácil ver que hay un grupo de líderes que no contemplan ni respetan el derecho internacional, porque se consideran por encima del bien y el mal.

Esa lista incluye a poderosos líderes mundiales, como Donald Trump, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu y Xi Jinping, pero también algunos gobernantes latinoamericanos, de menor peso internacional, aunque fieles seguidores de esa línea de rechazo a la justicia internacional. Ellos son Javier Milei y Nayib Bukele.

Vale la pena aclarar que cabe esperar que pronto se suban al mismo barco de negación de esa autoridad, otros gobernantes de la región, quienes han recibido en plenas elecciones el espaldarazo del mismísimo Trump para asegurar su victoria y ascenso al poder.

Si lo vemos de cierta forma, eliminar el derecho internacional es como si en cualquier país del mundo se suprimieran los tribunales y cortes de justicia, dejando a la sociedad a la merced de la corrupción, el crimen organizado y el poder de un gobierno represivo o cualquier otro sector poderoso que podría ampararse en la impunidad y violar los derechos humanos de las personas.

Estados Unidos ha iniciado una peligrosa campaña para lograr la desconexión de los países con las cortes internacionales. En la reciente Asamblea General de la ONU; Trump dijo con claridad: “Estados Unidos se opone por igual a esa institución fuera de control conocida como la Corte Penal Internacional. Exhortamos a todas las naciones a retirarse de este tribunal y a no ceder ni un solo ápice de su soberanía...”.

Seguir ese camino es como aceptar la famosa “ley de la selva”, que en el argot popular se simplifica calificándola como la “ley del más fuerte”, aquel que impone sus condiciones porque sabe que goza de impunidad para hacer lo que su poder le permite.

Hace una semana escribía sobre la indiferencia de la humanidad y el daño que –de diversa índole–, esto provoca a cualquier sociedad. Ojalá la humanidad cobre o mantenga conciencia para saber que, “Sin Justicia no puede haber paz”, y luche porque la Justicia, tanto nacional como internacional, garantice el respeto al derecho ajeno, como mecanismo para mantener la paz... que eso no cese nunca.

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