La nave continúa su paso histórico, enarbolando en su mástil esa bandera del cambio pacifico, pero a paso redoblado, con prisa y sin pausas porque el pueblo hondureño no tendrá capacidad física ni espiritual para soportar no solo las inclemencias de la naturaleza que golpean nuestro territorio sino particularmente, los desafueros, incapacidades, picardías, negligencias, e incontrolable corrupción que nos mantiene en los últimos vergonzosos lugares de la lista del desarrollo humano en el mundo. Por ello, loor a todos los y las fundadoras del Partido Innovación y Unidad Social Demócrata, loor a todas las generaciones de relevo que han mantenido incólume el nombre, el brillo y el prestigio de una gesta histórica, plena de patriotismo y de fe en la NUEVA HONDURAS. Hoy, 4 de diciembre, en que se cumplen 42 años desde aquel día en que las autoridades del país concedieron la personalidad jurídica al Pinu, se extiende fervorosa felicitación a todos sus militantes y miles de simpatizantes y una vigorosa excitativa a todos los compatriotas, así como a todos los y las jóvenes hondureños sin deudas pendientes con las viejas y desgastadas estructuras políticas, como a todos aquellos otros ciudadanos honestos a compartir el sueño del doctor Miguel Andonie Fernández, fundador del partido, y del resto de aquella juventud inconforme y rebelde de los setenta, a seguir marchando juntos en pos de nuestro futuro, futuro que será lo que nosotros hagamos de él: ALTAR DE NUESTRO SACRIFICIO, PATRIA O COLONIA, CUNA DE LA NUEVA HONDURAS. ¡Compatriotas, viva Honduras, hondureños, viva el Pinu!
Columnistas
Brazos pinuistas, compañeros, compatriotas, hermanos en el ideal. Ayer, 4 de diciembre, se cumplieron 42 años de vida jurídica del Pinu, no olvidemos, sin embargo, que, en abril de este año, también se celebró medio siglo de vida institucional. Fue precisamente en aquel mes de abril del año memorable de 1970, en que, en una modesta oficinita, adjunta a lo que hoy es la sala de recepción del partido, ubicada en la Calle Real de Comayagüela, en que un grupo de hondureños, de acendrado amor por la patria, preocupados por el rumbo incierto que se presentía tomaba el país, sentados en rústicas bancas de madera, proclamamos el nacimiento de lo que llegaría a constituirse en la fuerza moral política de Honduras. Fue allí, donde ese puñado de jóvenes compatriotas, estampamos con nuestras firmas, el acta donde declarábamos tomar el escabroso camino político para luchar sin descanso hasta convertir en realidad el sueño de esa NUEVA HONDURAS que hoy siguen anhelando nueve millones de hondureños. Abandonábamos así, la idea original de ser solamente un grupo cívico que propugnaba por el sostenimiento de ese espíritu de hermandad y solidaridad que tuvo el pueblo, nueve meses atrás, en el infortunado conflicto militar del año 69. Era el empuje de los nuevos tiempos, era una juventud hastiada de la imposición política, del marginamiento social y de la injusticia económica; una juventud que reclamaba virilmente, profundos cambios en la administración del Estado. Fue allí esa noche en que algunos muy buenos amigos confesaron, con mucho pesar, no poder abandonar sus viejas banderas partidarias y con sus mejores deseos por nuestros éxitos, se bajaron de aquel pequeño buquecito en el que navegaríamos aquel grupo de soñadores, por cinco décadas, contra tormentas y grandes mareas, que amenazaron permanente, pero inútilmente, con destruir aquella nave de ilusiones y propósitos transparentes y en la que aún nos mantenemos firmes los que todavía, en nombre de aquellos patriotas visionarios, enarbolamos la bandera blanca de la honestidad, del sol brillante de nuestro futuro y el verde pino de nuestras esperanzas y raíces catrachas.