La política económica de un país no solo se define por la calidad técnica de sus funcionarios, sino por la capacidad de coordinar decisiones que, por naturaleza, están interconectadas.
En el caso de Honduras, el principal desafío actual no parece ser la falta de formación o credenciales en quienes dirigen las instituciones económicas, sino la ausencia de un mecanismo claro de articulación entre ellas.
Hoy, la política fiscal, la política monetaria, la política cambiaria y la estrategia de inversión operan con ritmos distintos. La Secretaría de Finanzas define el presupuesto y la trayectoria del gasto; el Banco Central maneja la liquidez, la inflación y el tipo de cambio; mientras otras entidades impulsan la inversión y el crecimiento. Sin embargo, estas decisiones no siempre se perciben como parte de un mismo engranaje. El resultado es una señal fragmentada hacia el sector privado, los inversionistas y los organismos internacionales.
La economía, sin embargo, no funciona en compartimentos aislados. Un aumento del gasto público sin coordinación con la política monetaria puede presionar la inflación. Una estrategia cambiaria sin respaldo fiscal puede erosionar las reservas. Una política de inversión sin sostenibilidad presupuestaria puede generar desequilibrios futuros. La coherencia macroeconómica no es un lujo técnico: es una condición básica para la estabilidad.
Frente a este escenario, la solución no pasa necesariamente por sustituir personas, sino por fortalecer la arquitectura institucional. Honduras necesita un espacio formal donde se integren las decisiones económicas estratégicas. La creación de un Consejo de Coordinación de Política Económica permitiría alinear objetivos, compartir información y anticipar riesgos de manera sistemática. La figura de Jefe de Gabinete Económico no a dado mayores resultados.
Este consejo debería reunir a las principales autoridades económicas y operar con reglas claras, respetando la autonomía del Banco Central, pero garantizando que las políticas públicas respondan a una visión común. Complementariamente, la designación de un coordinador económico con experiencia podría facilitar la articulación técnica y la comunicación, evitando contradicciones innecesarias.
Igualmente importante es la construcción de un programa macroeconómico integral, público y transparente.
Definir metas claras de crecimiento, inflación, déficit fiscal y endeudamiento no solo orienta la gestión gubernamental, sino que también ancla expectativas.Una Matriz de Consistencia Macroeconómica: coherencia entre política fiscal y monetaria, un Comité Técnico Permanente: seguimiento continuo de indicadores y una Estrategia de Comunicación Unificada que de claridad y evitar incertidumbre. La previsibilidad es un activo clave en cualquier economía.
No se trata de crear más burocracia, sino de mejorar la gobernanza. Países que han logrado estabilidad macroeconómica sostenida no lo han hecho únicamente por contar con buenos técnicos, sino por establecer mecanismos que obligan a la coherencia en la toma de decisiones.
Honduras tiene la oportunidad de dar ese paso. Ordenar su política económica no es una opción secundaria: es una condición necesaria para generar confianza, atraer inversión y sostener el crecimiento en el mediano y largo plazo en tiempos globales críticos.