Columnistas

Nueva ley de policía (III)

l pueblo hondureño urge de una Policía completamente nueva, con una ley orgánica diferente del proyecto actual presentado al Congreso Nacional, pues todas las reformas y depuraciones las han hecho fracasar la mayoría de demagogos y policías corruptos; estos hasta hoy se han limpiado con el trabajo de la Dirección de Investigación y Evaluación de la Carrera Policial (DIECP) y coludidos con abogados y jueces de lo contencioso ganan demandas millonarias al Estado, su reintegro y el derecho a dañar más la institución y a toda la ciudadanía.

EL HERALDO denuncia este 11 de noviembre en “Investigación: Se pretendió proteger a oficiales que reprobaron al menos una de las pruebas de confianza, porque la DIECP acusa a Seguridad de haber modificado sus dictámenes”. Ni siquiera se investiga el delito de alterar documentos públicos.

La depuración hecha hace 25 años por la Junta Interventora, presidida por los honorables Hernán Corrales Padilla y German Leitzelar Vidaurreta, quedó inconclusa. El presidente Lobo, después de la decapitación de tres cúpulas policiales indeseables, puso como director de Policía al general Juan Carlos Bonilla, pero en meses de trabajo eficaz el incorrupto depurador fue mandado al exilio diplomático, por exigencia del gobierno gringo y algunos “anti-imperialistas” de la sociedad civil.

Los policías corruptos y sus aliados políticos presentaron ya su nuevo proyecto de ley orgánica de la Policía al Congreso Nacional, que crea la División de Investigación y Certificación Policial, equivalente a la Oficina de Responsabilidad Profesional y Asuntos Internos, cuya ineficacia garantizó total impunidad a esos policías.

Un diario publicó hace unos días que se habían perdido 700 fusiles AK-47 de las bodegas policiales, ante el silencio inexplicable de las autoridades “competentes”, incluido el Presidente de la República, primer responsable de la Seguridad Pública. ¿Esas armas están en manos de la delincuencia organizada, de algún grupo terrorista internacional o de un grupo paramilitar del partido de gobierno por sus pretensiones continuistas? Es parte de la corrupción oficial.

Cito mi traducción de fragmentos de la carta de Julia Frifield, secretaria Asistente de Asuntos Legislativos del Departamento de Estado al Honorable Zoe Lofgren, de la Cámara de Representantes de Estados Unidos de América, genuina mientras no se demuestre lo contrario:

Apoyamos programas de respeto de los derechos humanos en Honduras, fortalecer las instituciones democráticas, la aplicación de las leyes y su prosecución, expandiendo actividades de prevención y control de las actividades militares. Estados Unidos apoya políticas civiles. No proveemos nuestra asistencia a la Policía Militar de Orden Público (PMOP).

En el diálogo bilateral de alto nivel, en junio de 2015, el gobierno de Honduras presentó una clara reforma de su policía civil, que presionamos al gobierno.

Antes fue España la que impuso la ley que hizo de la policía lo que es hoy, lavándose ahora las manos de su nefasta cooperación.

Estados Unidos de América, según esa carta del Departamento de Estado, son los que de hecho ahora nos imponen la misma corrupción policial, en que pesa más la relación con el gobierno que con el pueblo hondureño, obligado a vivir en condiciones de alto riesgo, sin seguridad pública, por lo que emigran.

Por la política del garrote, sin zanahoria, tenemos derecho a preguntar y ellos tienen la obligación de responder, según Mateo 7: 15-16, “Guardaos de los falsos profetas que vienen disfrazados de ovejas, cuando en realidad son lobos feroces. Los conoceréis por sus obras”