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Nuestro bicentenario patrio  

Nadie pensó que al redactar aquella acta donde emancipaba de la corona española, aquel pedazo de tierra ubicada en el istmo centroamericano sería el fermento de muchos acontecimientos que quedaron registrados en la historia y otros que desaparecieron a través de las arenas del olvido. Ese 15 de septiembre de 1821, con la pluma de ganso y el tintero a rebalsar en mano, el 'Sabio' recogió los pensamientos de los compatriotas reunidos en el edificio del Palacio Nacional de Guatemala, luego se envió una copia original a todas las provincias de Centroamérica, que hacía constar la separación del Imperio Español.

Con esta independencia, las provincias que, unificadas primariamente en la Capitanía de Guatemala, se forjaron las bases ideales de ser soberanos, más las cadenas de la colonia aún pesaban sobre la vida de toda aquella población, ya que eran 300 años de pertenecer a España y quedar de un día para otro para definir el futuro fue duro, tanto así, que muchos fueron reacios a la independencia y deseaban el estatus quo que había imperado hasta entonces, por ello, pasaron a formar por un corto período parte del imperio mexicano liderado por Agustín de Iturbide. Tras el efímero gobierno de Iturbide, el 1 de julio de 1823, a excepción de Chiapas, los Estados centroamericanos, lograron la independencia de México y se convirtieron por un corto período, en las Provincias Unidas de Centro América.

Para 1824, los Estados de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se transformaron en la República Federal de Centroamérica. El 5 de noviembre de 1838, Honduras se separa de la Federación Centroamericana y se convirtió en Estado soberano e independiente. Desde su independencia, casi 300 revoluciones han sacudido al país entre ellos guerras civiles y cambios de gobierno.

La historia nos cuenta de la formación de partidos políticos, la escisión entre ellos, la reforma liberal, la entrega del país a transnacionales como la Rosario Mining Company, los enclaves bananeros, la invasión de la nación por marines norteamericano en franca violación de la soberanía nacional, la dictadura caríista, el golpe de estado contra Julio Lozano Díaz, el triunvirato militar, el gobierno liberal, el gobierno militar, el gobierno de los civiles, el golpe de estado del 2009, la violación de la Constitución, la reelección catracha, la entrega de la soberanía y repartición del territorio a través de la ZEDE. Estos son los sucesos que se han vivido en nuestro país, cada historia a contar serían ríos de tintas por cada una de ellas, más el espíritu del hondureño deberá vivir porque es un espíritu que nos legaron personajes del pasado, que no se rendían ante las vicisitudes, sino que le hacían frente hasta el grado de ofrendar su vida.

Más, Honduras no solo es la historia donde se plasma sus orígenes como nación, Honduras representa ideales de todos sus ciudadanos al consagrar nuestras vidas, nuestra energía al engrandecimiento de la misma, cuando fomentamos altos valores y principios a nuestros hijos e hijas, cuando nos quemamos las manos para evitar soborno, cuando la palabra dada es tan sagrada que se considera honra darla, cuando los tratos se sellan con un apretón de manos y una sonrisa radiante porque pondrás en prueba los valores inculcados, donde demostrarás la capacidad como ciudadano que puede aspirar a estadios de superación que harán que el engranaje que mueven a la patria sean suaves como seda.

Honduras convulsa, estertores de muerte están llegando a su espíritu, doscientos años llenan las páginas de su historia de sangre, de montoneras, de belicosidad, de traición; se asesina el alma grande de los sueños de los próceres, de los héroes, se entierra el puñal hasta el mango en el pecho del hermano catracho cuando la diosa Temis se quitó la venda y apantallada por el brillo del oro del diente del tiburón mandará a las ergástulas al inocente para que se pudra en sus huesos, más el culpable sonríe con una copa de champán en sus manos. Honduras llora y sus lágrimas son de sangre, sus hijos huyen de su patio, aquel calor a patria se está perdiendo, amurallados en la covacha vemos pasar la procesión fúnebre de la soberanía que fue violada tantas veces, que perdió su vida y en harapos, con un pendón roto y ensangrentado, se entierran los sueños, los valores, los principios, la codicia es tan inmensa como el gran Congolón, que ni el mismo indio Lempira podría resistir la voracidad de los traidores de su propia sangre que volvería hundirse en la noche negra porque sus armas no harían ningún daño a la coraza de impunidad e inmundicia que visten los que nos gobiernan.

Saldrán los desfiles, las escuelas, los colegios, las palillonas marcharán a la par de las Fuerzas Armadas que harán gala de lo que pueden hacer en el campo de batalla, se mostrarán valientes, porque están acorzados de pies a cabeza con rifles de asalto y grueso calibre, y dejarán salir el humo camuflador, más son unas fuerzas miedosas, amedrentadas por un solo individuo que les tomó el pulso y no hacen su labor de defensa de la soberanía porque son parte que se fermentó con la codicia de los vende patria.

Honduras, ¿dónde estás?, no te encontramos, dicen que cerrarán el paso a tus playas, a las altas montañas, que tendremos que obtener un pasaporte para movernos dentro de nuestra patria porque el invasor cerró con murallas la integridad territorial.

Doscientos años de vida independiente y la historia de nuestra patria se “escribe en una lágrima” salobre, lágrima de dolor, lágrima de sufrimiento y lágrimas de sangre que sus hijos derraman cada día, cada momento, porque nos robaron el futuro, nos robaron la esperanza. “Marcharán tus hijos a la muerte” porque la sentencia está dada y Morazán no estará solo en el patíbulo aquel 15 de septiembre de 1842, sino también todos los hijos de Honduras que ofrendarán sus vidas porque también gritarán : “el amor a Centroamérica muere con nosotros”
¡Viva la independencia!, ¡Viva el bicentenario patrio!

Por: Henry A Murillo Arteaga. aliabraham721@hotmail.com

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