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Nuestra primera carta fundamental

Debemos al acucioso historiador José Manuel Cardona Amaya un nuevo aporte bibliográfico que se suma a previas contribuciones historiográficas producto de su incansable labor intelectual, disciplina y talento. Esta vez ofrece la obra “El Congreso y la Asamblea Constituyente de Honduras y la primera Constitución del Estado (1824-1825)”.

La República Federal de Centroamérica se integró como tal con el nombre de Provincias Unidas en 1823, tras lograr su segunda independencia. El sistema político adoptado requería que cada una de las cinco unidades decretara su respectiva carta magna, en consonancia con la Constitución republicana.

Se procedió a la elección de los constituyentes, representando a los partidos de Tegucigalpa, Comayagua, Trujillo, Gracias, Choluteca, Yoro, Santa Bárbara, Cantarranas, Juticalpa, Nueva Segovia, Nacaome y Los Llanos, para un total de doce legisladores y sus respectivos suplentes. Entre los titulares destacaban Justo Herrera, José Antonio Márquez, habiendo sido electos tanto civiles como religiosos.

Surgió la disputa sobre la sede en la cual desempeñarían los diputados hondureños la labor a ellos encomendada; la rivalidad creciente entre los dos principales centros urbanos, Comayagua y Tegucigalpa, encontró solución intermedia: el mineral de Cedros, como sede transaccional temporal.Para elegir al jefe de Estado surgieron tres aspirantes: Dionisio de Herrera, José Justo Milla y Juan Lindo. El primero fue escogido al recibir cinco votos por tres de Milla, quien quedó como vicejefe. Ninguno había alcanzado mayoría absoluta de votos.

La labor de la Constituyente fue prolífica: se emitieron cuarenta y ocho decretos, además de la constitución estatal, entre ellos el nombramiento de jefe y vicejefe del Estado de Honduras, el Reglamento del Poder Ejecutivo estatal, la división del territorio en catorce partidos, la instalación de la Corte Superior de Justicia, el escudo de armas, la creación del fondo de minería, la elección de diputados al Congreso Federal y la Corte Superior, la sanción de la legislación federal, el establecimiento de la Casa de Moneda en Tegucigalpa, el nombramiento de alcaldes auxiliares.

“La historia del primer cuerpo legislativo de Honduras puede dividirse en dos etapas: cuando la representación del Estado se llamó Congreso Constituyente y residió en Tegucigalpa -septiembre de 1824 a enero de 1825- y cuando residió en Comayagua y cambió su nombre a Asamblea Constituyente tras juramentar la constitución federal -febrero de 1825 a diciembre del mismo año-”. (p. 221). El 11 de diciembre de 1825 habían concluido la labor a ellos encomendada.

Esta obra debe ser de estudio obligado para profesionales y estudiantes de las Ciencias Jurídicas, al igual que para los “padres y madres de la patria”, actualmente enfrascados en el divisionismo y faccionalismo que antepone su labor única de legislar en pro del bien común, supeditados a poderes fácticos, razón por la cual sus lealtades y funciones no siempre corresponden a la trascendental misión para la cual fueron nombrados gracias al voto popular, por lo que no todos los actuales representantes del pueblo califican como tales, tanto por sus déficits intelectuales y éticos, como por haber llegado a tan honroso cargo comprometidos con poderosos intereses privados en conflicto con el interés colectivo.