A los jóvenes de ahora, cuando conocen a nuevas personas de otros lugares, no les creen ser de este pueblo, porque quizás no son quebraditos de color -morenos- como somos los de las anteriores generaciones, descendientes cercanos de los negros que trajeron los españoles a trabajar en las minas del interior del país.
Estos se escaparon para regresar a la costa por la que fueron ingresados y, luego se les unieron otros de distintas llanuras africanas, traídos como esclavos por los portugueses, ingleses, franceses y otros.
Según documentos españoles, en 1797 se asentaron garífunas en Trujillo- donde proveían a la vecindad pescado, productos agrícolas y canoas-. El año anterior se sumaron negros franceses, artesanos que huían por problemas políticos en Sainte Dominique y luego se agregaron 1490 negros ingleses traídos de la isla St. Vincent, asentándose en Roatán, posteriormente trasladados a Trujillo.Siendo numerosos y por temor a una rebelión, la corona española decidió trasladarlos al valle de Olanchito, cerca del río Aguán, el cual permitía la navegación debido a su gran caudal, hasta donde llegaban los ingleses a traer concha de brasilete -para teñir telas y otros bienes-. En Olanchito -siendo subdelegación- vivían en ese tiempo 28 familias españolas y 222 ladinas.
No existe dato sobre la cantidad de negros traídos a este valle, pero sí dejaron numerosos descendientes que se agregaron a la población local, especialmente al unirse con las familias ladinas e indios de la aldea de Agalteca. Debido a ello surgieron descendientes de todo color: negros casi azules, más claros, altos como bantúes y mandingos y otros más bajos; negras con esbeltos y bien proporcionados cuerpos, otras más nalgonas, gordos y flacos, dependiendo de su origen tribal. De ello solamente quedan vestigios ya saqueados, pues las tumbas de tierra -construidas a una altura de cuatro metros, en una extensión de cuatro manzanas. Han sido saqueadas por los locales al realizar invasiones para construir casuchas, ante la indiferencia de las autoridades de Antropología, a las que solamente les interesa la cultura maya, a pesar de que se les denunció, a fines del siglo pasado, sobre tal anormalidad.
De allí han sacado muñecos de barro, objetos labrados en conchas de mar, piedra poma, productos marinos fosilizados, collares y otros, algunos los poseen coleccionistas locales.
Al invadir esas tierras, se han destruido las pequeñas pirámides, construidas a una distancia, cada una de aproximadamente 20 metros, en una extensión de cuatro a cuatro manzanas, utilizando maquinaria pesada. Con la instalación de las bananeras, la Truxillo Railroad Company, a comienzos del siglo pasado, la cual levantó de un día para otro sus rieles y barracones ante la desidia del gobierno de turno en 1936, y el ingreso de la Standard Fruit Company por el puerto de La Ceiba, vinieron a este lugar centenares de ladinos con genes de los miles de negros que se habían instalado en las minas del interior, especialmente de Olancho y también ciudadanos europeos, huyendo de la primera gran guerra y de la recesión mundial de 1928 (Continuará).