La última aventura de este llanero solitario son las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (Zede), esos polémicos territorios firmados en un papel en blanco para intercambiar inversiones por soberanía. Dentro de ellas, los inversionistas podrán tener un Estado dentro de otro, como los viejos enclaves bananeros.
Las Zede gozarán de autonomía administrativa que incluye las funciones, facultades y obligaciones que la Constitución y las leyes le confieren a los municipios, de igual forma, contarán con tribunales autónomos e independientes con competencia exclusiva en las mismas, así pues, podrán adoptar sistemas o tradiciones jurídicas de otras partes del mundo o las que les dé la gana, con tal de ejercer independencia de todas las leyes de Honduras, de todas maneras, ya nadie las respeta.
Eso significa que las Zede deben 'establecer sus propios órganos de seguridad interna, su propia policía, órganos de investigación del delito, persecución penal y sistema penitenciario', es lo que se estipula en su ley creadora aprobada en 2013.
Nos quieren vender la idea como un concepto aplicado en otras partes del mundo, ofreciendo como ejemplo las Regiones Administrativas Especiales de China —Hong Kong, Shenzhen, Shanghai, Macao—, la ciudad-Estado de Singapur y el distrito internacional de negocios de Songdo, en Corea del Sur.
Bajo esa lógica, de países serios con autoridades serias se agarraron para meter las Zede aprobadas en las praderas de Lobo, pero con los aullidos de JOH como presidente del Congreso. En ese entonces, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se opuso a la idea, declarando este hecho como inconstitucional para permitir la construcción de esos 'paisitos privados'.
En diciembre de 2012, el brazo autoritario del Congreso ordenó la destitución de cuatro de los seis magistrados de la Sala de lo Constitucional que habían declarado indebido el proyecto, mismo que, pese a los constantes señalamientos de ilegitimidad, el genio Ebal, ministro de la presidencia, lo presentó como la 'octava maravilla' que amplía la estabilidad jurídica y los beneficios fiscales para las Zede, aunque el concepto tiene su origen en una oficina de la Universidad de Nueva York.
El profesor Paul Romer lo creó en su escritorio y le llamó ciudades Charter. Eran centros urbanos que serían construidos en lugares despoblados, convertidos básicamente en una gran zona franca con administración y legislación internacional. —Era la solución para atraer inversión a países subdesarrollados —dijo. En teoría, Romer planteó el proyecto para atraer capitales, inversionistas, infraestructura, negocios y oportunidades para que muchas familias se mudaran a la nueva región con el fin de vivir y trabajar allí.
Casi un cuento de Navidad para el tercer mundo, pero Romer no contaba con la astucia de los tiburones de la política nacional, los corruptos, los que son lavadores de todo y los aprendices de dictadores que moldean el país, de acuerdo al agujero de sus ambiciones.
El profesor Romer abandonó su proyecto y salió escandalizado, así lo contó el periodista Carlos Dada del periódico El Faro.
La última vez que revisé estaba yendo hacia una dirección que yo no apoyaba. Específicamente, temo que pueda ser utilizado de una manera que creo que es intolerable, como una vía para que un pequeño grupo de personas con acceso al poder en Honduras puedan distorsionar la voz democrática de manera indefinida.
Luego, Romer fue nombrado jefe de economistas en el Banco Mundial (BM), pero la idea quedó sembrada con mala hierba y disfrazada de 'progreso y prosperidad', como una suerte de casino para jugar con la esperanza y la miseria de los hondureños, que ya sin aliento y con la constitución descuartizada, buscan la moneda del destino entre los despojos de su dignidad, para no 'zeder' [sic] el último pedazo de la patria.
Las Zede gozarán de autonomía administrativa que incluye las funciones, facultades y obligaciones que la Constitución y las leyes le confieren a los municipios, de igual forma, contarán con tribunales autónomos e independientes con competencia exclusiva en las mismas, así pues, podrán adoptar sistemas o tradiciones jurídicas de otras partes del mundo o las que les dé la gana, con tal de ejercer independencia de todas las leyes de Honduras, de todas maneras, ya nadie las respeta.
Eso significa que las Zede deben 'establecer sus propios órganos de seguridad interna, su propia policía, órganos de investigación del delito, persecución penal y sistema penitenciario', es lo que se estipula en su ley creadora aprobada en 2013.
Nos quieren vender la idea como un concepto aplicado en otras partes del mundo, ofreciendo como ejemplo las Regiones Administrativas Especiales de China —Hong Kong, Shenzhen, Shanghai, Macao—, la ciudad-Estado de Singapur y el distrito internacional de negocios de Songdo, en Corea del Sur.
Bajo esa lógica, de países serios con autoridades serias se agarraron para meter las Zede aprobadas en las praderas de Lobo, pero con los aullidos de JOH como presidente del Congreso. En ese entonces, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se opuso a la idea, declarando este hecho como inconstitucional para permitir la construcción de esos 'paisitos privados'.
En diciembre de 2012, el brazo autoritario del Congreso ordenó la destitución de cuatro de los seis magistrados de la Sala de lo Constitucional que habían declarado indebido el proyecto, mismo que, pese a los constantes señalamientos de ilegitimidad, el genio Ebal, ministro de la presidencia, lo presentó como la 'octava maravilla' que amplía la estabilidad jurídica y los beneficios fiscales para las Zede, aunque el concepto tiene su origen en una oficina de la Universidad de Nueva York.
El profesor Paul Romer lo creó en su escritorio y le llamó ciudades Charter. Eran centros urbanos que serían construidos en lugares despoblados, convertidos básicamente en una gran zona franca con administración y legislación internacional. —Era la solución para atraer inversión a países subdesarrollados —dijo. En teoría, Romer planteó el proyecto para atraer capitales, inversionistas, infraestructura, negocios y oportunidades para que muchas familias se mudaran a la nueva región con el fin de vivir y trabajar allí.
Casi un cuento de Navidad para el tercer mundo, pero Romer no contaba con la astucia de los tiburones de la política nacional, los corruptos, los que son lavadores de todo y los aprendices de dictadores que moldean el país, de acuerdo al agujero de sus ambiciones.
El profesor Romer abandonó su proyecto y salió escandalizado, así lo contó el periodista Carlos Dada del periódico El Faro.
La última vez que revisé estaba yendo hacia una dirección que yo no apoyaba. Específicamente, temo que pueda ser utilizado de una manera que creo que es intolerable, como una vía para que un pequeño grupo de personas con acceso al poder en Honduras puedan distorsionar la voz democrática de manera indefinida.
Luego, Romer fue nombrado jefe de economistas en el Banco Mundial (BM), pero la idea quedó sembrada con mala hierba y disfrazada de 'progreso y prosperidad', como una suerte de casino para jugar con la esperanza y la miseria de los hondureños, que ya sin aliento y con la constitución descuartizada, buscan la moneda del destino entre los despojos de su dignidad, para no 'zeder' [sic] el último pedazo de la patria.