Morazán homenajeado, la mezquindad expuesta

Gracias, presidente Bukele, por hacer lo que otros en años no han hecho por el héroe centroamericano nacido en Tegucigalpa”

  • Actualizado: 01 de octubre de 2026 a las 00:00

La frase de José Martí “Honrar, honra” ya no resuena como mandato ético, sino como eco debilitado en una sociedad que parece dispuesta a olvidar su propio pulso histórico. La memoria de las luchas por soberanía, dignidad y justicia -que debería funcionar como columna vertebral de la identidad colectiva- hoy se diluye entre el desencanto y la apatía. Es como si la sociedad hubiera aceptado una amnesia cómoda, renunciando a la continuidad moral que permite que un pueblo se reconozca en sus sacrificios y en sus conquistas. Cuando los símbolos se vacían, cuando los héroes se convierten en viñetas de celebraciones, cuando la ética pública se reduce a discursos ceremoniales, lo que se erosiona no es solo el pasado: es la capacidad de imaginar un futuro con sentido.

Y ahí está el verdadero peligro: una sociedad que deja de honrar lo que la sostuvo pierde también la fuerza para defender lo que la podría salvar. Martí entendía que la memoria no es un archivo, sino un acto político; que recordar es resistir y que olvidar es rendirse. Por eso inquieta ver cómo los valores que antes articulaban la vida colectiva -tenacidad, patriotismo crítico, ética pública, conciencia de destino común- retroceden frente a un presente que solo celebra sin responsabilidad. Las sociedades tienen leyes internas de continuidad y progreso. Cuando esa continuidad se rompe, cuando la honra deja de ser práctica viva y se convierte en consigna vacía, el progreso se vuelve una ilusión y la identidad, un territorio en disputa.

El traslado de los restos de Francisco Morazán a un mausoleo en San Salvador posee un valor simbólico innegable: devuelve solemnidad, visibilidad y dignidad a la figura del héroe centroamericano. Ese gesto público -impulsado por el presidente Nayib Bukele- coloca a Morazán en un sitial de honor que durante décadas ha sido erosionado por el abandono institucional y la indiferencia política en la región. No se puede invocar a los héroes fundadores mientras se desmantela, pieza por pieza, aquello que ellos defendieron: la soberanía y la autodeterminación.

El mausoleo honra al héroe, pero aún falta honrar y divulgar su proyecto. El acto simbólico ya ocurrió; la tarea histórica sigue pendiente: devolverle a Morazán su contenido político, su visión de una Centroamérica soberana, integrada y capaz de resistir las presiones externas que hoy vuelven a manifestarse con otros nombres y prácticas que están volviendo la vida humana un espacio de violencia y destrucción sin límite.

Morazán, con determinación de hombre valiente, expresó en sus últimas horas de vida: “Quiero que mis cenizas descansen en suelo de El Salvador, cuyo pueblo me fue tan adicto”. Por lo anterior, resulta una mezquindad hacer invenciones mentales sobre la obra de Bukele en este tema.

Viene a propósito la frase del poeta cubano José Martí, ya citado, cuando dijo: “El sol quema con la misma luz que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz”.

Gracias, presidente Bukele, por hacer lo que otros en años no han hecho por el héroe centroamericano nacido en Tegucigalpa.

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