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Mi hermano Pablo: el desconocido

Hoy sábado 21 de noviembre de 2020 a las 11:30 AM, me tocó enterrar a causa del covid-19 a mi hermano Jorge Pablo Duarte Flores.

Estuvieron presentes en el funeral sus hermanas y hermanos y otros familiares cercanos.

Jorge Pablo fue docente en el Centro Regional del Litoral Atlántico de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En el acuerdo de duelo emitido por dicho centro, su directora la licenciada Jean O’Dell Rivera B., dice que: “El ingeniero Duarte era un docente responsable, comprometido con su labor y conocido por su humanidad y generosidad, también formaba parte del Equipo Técnico del Banco de Germoplasma-CURLA”.

Apenas iniciada la tormenta Eta, el 3 de noviembre del corriente, por gestiones de mi hermana Rosa, trasladaron a Jorge Pablo de La Ceiba a San Pedro Sula, para internarlo en el Instituto Hondureño de Seguridad Social de esa ciudad. En dicho centro hospitalario Jorge Pablo luchó por su vida, pero la enfermedad lo venció ayer 20 de noviembre a eso de las 11:30 AM.

Hoy por la mañana una funeraria lo transportó a la ciudad capital, siendo sepultado en el mismo cementerio en el cual está enterrada su madre, Francisca Flores.

Dado que Pablo se crio con su abuela materna en la aldea El Chagüite, y en vista que realizó sus estudios en La Ceiba, donde terminó ubicando su residencia, tuvimos muy poco contacto y por ello desconozco gran parte de su vida.

Recién ahora después de muerto nos enteramos que gran parte de su sueldo en el CURLA lo destinaba a sufragar los gastos de estudio de varios jóvenes de ambos sexos, quienes incluso declaran que fue como un padre para ellos, ya que siempre los animó a seguir adelante.

A efectos de vida Jorge Pablo no tuvo hijos; el único que le dio su difunta esposa Sagrario murió recién nacido.

Quizás por esto o por su gran generosidad, se mostraba empático y solidario con las jóvenes que abortaban, a quienes además de ayudar les expresaba que la próxima vez “mejor le regalaran el niño”, ya que él con mucho gusto lo criaría, como de hecho ya lo había realizado con otros.

Aun cuando su gran pasión fueron las plantas, a Pablo también le gustaba la lectura y el juego de ajedrez.

Le hacía feliz enseñarles a los niños dicho juego y disfrutaba verlos competir.

Sean estas pocas líneas un homenaje a la humildad y generosidad de Jorge Pablo.

Que Dios se apiade de mi hermano desconocido y me perdone por no mantener un contacto más frecuente con él. Que la tierra le sea leve y que su alma se eleve al Señor.