Columnistas

Manual para evitar la segregación

En los tiempos en los cuales se vive actualmente las crisis que se avecinan son de muchísimos tipos. Tenemos por el momento la crisis sanitaria y humanitaria. A nadie es necesario contarle ya lo que sucede. Luego están los problemas colaterales que pueden ir desde la huella psicológica que puede generar la combinación del encierro con la maraña de problemas que se vendrán. Por supuesto la crisis económica, laboral y en consecuencia la crisis social, que puede resultar de una gestión incorrecta de las situaciones a enfrentar. Y claro, en algún momento llegará la crisis de segregación.

Será muy fácil comenzar a buscar culpables y más simple aún encontrarlos. Los hallaremos dondequiera. Desde todos lo rumores que hay sobre el mal manejo temprano de la crisis sanitaria de parte del gobierno de China, pasando por el famoso partido de la Liga de Campeones de Europa jugado en Milán que movilizó a miles de personas desde Bérgamo y Valencia, las manifestaciones del 8 de marzo en España, la acción tardía de alguno Estados como Estados Unidos, los manejos locales e incluso los primeros infectados de cada país.

Lastimosamente estos debates nunca acabarán porque si esto fuera un cuento nosotros seríamos narradores deficientes, es decir, que podemos contar nada más lo que vemos. Sí, lastimosamente no somos omniscientes, no podemos saber cómo se han dado exactamente los hechos ni lo que habría pasado si se dan los hubiera. También es cierto que de nada sirve comenzar a buscar un culpable, no importa quién, importa qué. Así no lo repetimos nunca más.

En todo caso, estoy seguro de que habrá segregaciones y de más de un tipo. Ya lo sufren, por ejemplo, los sospechosos, los enfermos, el personal de salud, el personal de seguridad. Habrá segregación contra los acusados de ser culpables cuya lista puede ser tan larga como la humanidad misma. Habrá segregación contra las personas que tuvieron que salir de sus casas obligadas porque, aunque nos resulte difícil de creer y comprender, no tuvieron otra opción. La habrá de nuevo contra los desempleados, si estas semanas no han sido de profunda reflexión sobre lo que somos como humanidad estoy seguro de que la lucha por el empleo será más salvaje y encarnizada que nunca.

No digo que todos los seres humanos nos volcaremos a actuar de esta manera, pero sí habrá casos, quizá no tantos, pero los habrá. Y cuál es el problema, entonces. El problema es que no debería pasar, no debería haberlos, de ningún tipo. Tendemos a creer que si no afecta a muchos no importa, y eso es un error. Debe dejarnos de importar el día en el que no afecte a nadie, pero mientras haya un ser humano que lo sufra, nos debe incomodar.

Si hiciera un manual para evitar la segregación el primer capítulo se llamaría “Dejar la hipocresía”. En el que explicaría que en cualquier país en el cual hubiera aparecido esta crisis habría sido igual y en la mayoría de los casos, peor. También es normal que los primeros países en recibir el virus no temieran tanto, es difícil dimensionar lo desconocido. En otras palabras, ¿lo habríamos hecho mejor de ser Wuhan, Italia, España o un paciente cero? Lo dudo. Es fácil hablar de lo que sucedería el lunes con el periódico del martes en la mano.

El segundo capítulo se llamaría “Hallar culpables no resucita a nadie”. Creo que se entiende y por último habría otro titulado así: “Disculpas sí, culpas no”