Columnistas

Tiene que salir algo bueno de esta situación. Tenemos que hacer que así sea. Y aferrarnos a cuanta posibilidad lo ofrezca.

La pena por ya 28 muertes inesperadas, con tan grande consternación en sus núcleos familiares y en la conciencia nacional, no ha de paralizarnos, tiene que impulsarnos a construir una Honduras mejor, propicia al esfuerzo personal y colectivo.

La destrucción de patrimonios es injustificable. La pérdida de empleos ha de detenerse. Tenemos que reencontrarnos.

Por primera vez en más de 20 anos, consentimos sin reservas la designación del Jefe del Estado Mayor Conjunto. Sin objeciones, el militar que desde ahora la ostenta es modelo de honor, lealtad y sacrificio.

La integridad y modestia del general Ponce son fundamento de su impecable hoja de servicios, garantía de la sumisión de nuestras Fuerzas Armadas al imperio de la Ley y la cohesión de su espíritu de cuerpo. Cobra vigencia la demanda permanente del Colegio de Defensa Nacional, de cuanto antes, desde hace tanto tiempo, la definición común de los objetivos nacionales.

Por fin y de una vez y para siempre. La oposición cerrada al presidente Hernández no puede cegarnos, debe iluminarnos el camino. Y coincidir en lo que es bueno para todos: el fortalecimiento de nuestro estado de derecho.

Lo que nos ha separado, con justa razón, tiene que ser superado. Debe haber grandeza en quien puede sufrir dolor tan profundo, presión nacional e internacional tan fuerte y mantener con responsabilidad pasmosa su sentido del deber.

Es de reconocerse. La segunda oportunidad que toma, más que una meta debe ser entendida como un don. Don que deberá usar para bendición de Honduras y para gloria de Dios. Sin excepción. Juntos, sumar nuestras fortalezas en vez de seguir señalando unos a otros las debilidades.

La sacudida que vivimos puede ser auspicio de la materialización del sueño truncado: la Honduras segura y justa para todos. El presidente Hernández nos extiende la mano, por amor a Honduras, ¡se la tomamos!