Si tuviera calidad artística honraría su nombre, pero tal es el punto de discordia sobre las producciones “musicales” de Bad Bunny. Mayas y babilonios inventaron antes de Cristo el dígito cero, que representa la nada, el vacío e incluso la soledad y que es el mejor calificativo para las artes literarias, armónicas e incluso histriónicas del susodicho conejo escénico: ninguna calidad.
Pero entonces, ¿de dónde su alto logro mediático? Precisamente de allí, de los medios. Según un experto hondureño en masificación de imagen y canales de difusión de marcas, mucho del éxito de figuras claves del espectáculo mundial de hoy (antes se llamaba farándula) es producto de manipulación de redes.
Alguien lanza una canción y si está en su poder económico activa treinta, cien mil falsas direcciones y cadenas de correo y guasap, twitter, Google, Facebook, Linkedin, invente usted plataformas, con soberbios comentarios favorables, como ocurrió con “Despacito”, de Fonsi y DY, que incendió las audiencias con velocidad tan contundente que no podía sino ser sospechosa, peor con tan monótona oferta melódica. O sea que se contrata a “incentivadores” de fama y que operan a perfección (dice el técnico consultado) incluso monstruosas movilizaciones de dinero lavado.
Y entonces viene la grácil adolescente y pregunta a la mamá por qué desprecia al Conejo si en la época juvenil de ella similar ocurría -volverse locas- con cantantes como Presley o los Monkees, Beatles, Rolling Stones o Tom Jones, que las hacía despeinarse, gritar, tirarles calzones al escenario... Y la respuesta de la progenitora es inmediata, centrada en el principio de la conducta humana ética “Jamás fue igual” habrá empezado “pues a mi generación la motivaba el elogio del amor, no del sexo mecánico.
La palabra risueña, no la vulgar. Y en particular el romanticismo de la juventud, propio de ella y sobre el cual construye su visión de mundo, del futuro y de la realidad... No puede ser que un artista exalte como principal motivo el sudor, la saliva y el semen, en vez de la caricia, el gesto amable, la cortesía y la dignidad... Si no, ¿para qué es arte, para que te degrade en vez de ascender?”.
Grave problema de muchos artistas populares y poetas fáciles es recurrir a la crudeza con excusas de libertad y emancipación social, haciéndose expertos(a)s en recitar loas baratas al orgasmo. A lo que tienen derecho, obvio, no seamos beatos, pero que es arena sobre el mar ya que en arte el tema es sólo un componente fraccionario de lo creativo, siendo el otro la calidad del manejo de la palabra, el ritmo, la invención y la metáfora.
Es lo que hace la diferencia entre una nota informativa y un cuento de suspenso, entre el claxon de un camión y la sinfonía, como entre un anuncio publicitario y el poema. Exhibir el gozo de lo sensual y lo erótico es admirable y válido (Cantar de los Cantares, Safo, Baudelaire, Neruda, Paz); vender morbo es oficio de ladrones de almas.
Visto con otro ángulo, Conejo Malo es un fenómeno moderno pues representa una cultura popular desenfadada, con apetencias extremas en apariencia y valor y con la que tendremos que vivir un tiempo hasta que San Juan Bailón baje el dedo y una nueva orientación de la brújula del gusto oriente al barco de la moda musical...