Había algo en mi artículo anterior “Los lujos y las necesidades” que no me terminaba de gustar. No veía con claridad la razón. Me tomó un par de días entrever algunas luces, hasta que intercambiando comentarios con un amigo apareció la cabeza de la serpiente. En cuanto me di cuenta, publiqué en mis redes sociales la siguiente aclaración: “El enfoque del artículo no es el más afortunado. Por una parte pareciera una crítica contra los que tienen medios económicos, planteamiento típico de la postura marxista. En un entorno como el hondureño, extremadamente polarizado, este enfoque no es el mejor. En cuestiones de desprendimiento no se puede generalizar partiendo de un caso particular; puede ser que para una persona no convenga la compra de un determinado objeto y en cambio puede ser conveniente y necesario para otra. Todo esto cae en el delicado ámbito de la propia conciencia y de la propia libertad. Es verdad que en determinadas circunstancias existen gastos que siempre son lujosos, pero en un entorno con muchas necesidades económicas lo importante para cada uno es vivir las virtudes sociales: la caridad, la generosidad y el desprendimiento”.
Para los que no leyeron el artículo en cuestión, se hacía referencia al siguiente comentario de un amigo: “Yo, conociendo las necesidades de mis vecinos, no me compraría una Prado”. No me siento cómodo cuando escribo artículos en tono de crítica. Entre otras cosas porque entiendo que solamente están en posición de hacerlas los que son ejemplares en la virtud en cuestión. Aunque como los que son ejemplares en cualquier campo suelen tener también la humildad para no andar dando lecciones, suelo considerar habitualmente fuera de lugar las criticas.
La aclaración podría parecer una disculpa para que el que quisiera comprarse una Prado lo haga. La verdad es que quería ser un llamado de atención al egoísmo que todos tenemos. La inveterada tendencia de ponernos por encima de los demás la tenemos los ricos y pobres, los gordos y los flacos, los altos y los bajos. Cuando por cualquier razón accedemos a una posición de poder, salen a relucir con más fuerza nuestros vicios. Es entonces cuando debemos ser más conscientes de esa tendencia humana y empeñarnos más en ser virtuosos y dar ejemplo.
“La verdad es que tu escrito suscitó incomodidad entre mis amigos. Llegamos a la conclusión de que hemos de ser más generosos; tenemos que dar más y hacer mucho más por los necesitados en Honduras”. Me lo decía otro amigo en una conversación esta semana. Ojos que no ven, corazón que no siente. Cuando somos incapaces de poner rostros y nombres a esos pobres es muy probable que pasemos de largo, sin fijarnos en las necesidades ajenas.
Una forma concreta de conocer de primera mano las necesidades de los demás nos la brindó el papa Francisco el domingo pasado. Hace tres años estableció la Jornada Mundial de los Pobres para el domingo previo a la solemnidad de Cristo Rey. Las noticias nos mostraron que en esta ocasión almorzó en el Vaticano junto con mil quinientos indigentes de la ciudad de Roma. Conozco que aquí en Honduras algunos siguieron su ejemplo invitando a almorzar en sus casas, con cubiertos y mantel, a personas necesitadas de sus colonias.
Evidentemente somos libres para tener los bienes que queramos. Pero tampoco olvidemos la otra cara de la moneda; también hemos de ser responsables de servir a todos con lo que somos y tenemos.