Columnistas

La vacuna del terror

Los redentores de la crisis de este Gobierno y la Secretaría de Salud se han replanteado sus 'estrategias' para tener acceso a la vacuna del COVID-19 que aún está en desarrollo y que se adquirirá a través del Fondo Rotatorio de Vacunas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Se ha aclarado que el acceso es a través de dos mecanismos: Gavi-COVAX-AMC, donación de una parte de la vacuna para proteger al 20 % de la población hondureña en el 2021, la cual ronda entre un millón ochocientos noventa mil ciento cuarenta y dos hondureños. Por su parte, el COVAX es una compra adicional de la vacuna, de acuerdo a la producción y a la disponibilidad de la oferta, para proteger a otros grupos en riesgo, como el que representan los trabajadores de salud pública.
Pero, siempre se destinará una millonada para el acceso, misma de la que a la gente 'gratis' no le saldrá. Por consiguiente, el total de fondos requeridos para la implementación del plan es de 55,117,496.76 dólares, del cual, el 54 % corresponde al componente de vacunas e insumos y logística, mismo que incluye la adquisición de la vacuna, insumos como jeringas, cajas de seguridad, así como su desaduanaje y distribución a la red de servicios de salud, más un par de frescos para los sedientos.
El resto del 'tamal' de millones se ha contemplado para la contratación y movilización del personal de enfermería, supervisoras, guardaalmacenes, digitadores, guachimanes, propaganda, gasolina y equipo de protección personal para los vacunadores y supervisores, de paso, para alimentar el galillo del que ande anunciando tal jornada de evacuación.
Mientras tanto, el Congreso Nacional aprobaba en un solo debate la 'Ley de Vacuna Gratis para todos contra el COVID-19', y en milésima de segundos, los diputados se conectaron —como dar golpe de Estado—, se atropellaron para levantar la mano para poder aparecer en los medios como los salvadores de la salud, y ya pelean para que en la papeleta electoral se ponga la fotito con la mano levantada. Cuando de sobra sabemos que, a esta estirpe, no le interesa, ni le interesó nunca las dolamas de la población, de lo contrario, a estas alturas ya tendríamos más hospitales que partidos políticos.
Entonces, imaginemos que se invente la vacuna contra la corrupción y que su distribución fuera masiva en todos los países del mundo, para esa endemoniada pandemia del robo y disimulo. Ese día, en el Congreso no asistirán ni los fantasmas, tampoco se podrá sesionar por falta de vergüenza; no habrá presupuesto para esa vacuna del terror; se declarará el país en crisis; el Banco Central anunciará sus números rojos y no habrá ni un centavo que haga frente.
Debido al costoso sistema de congelación que requiere para su mantenimiento, dirán que no están preparados para transportar y almacenar esta vacuna, que no cuenta con la estructura que garantice el hecho de preservar la calidad de la inyección y que no hay máquinas especiales que permitan refrigerarla a niveles menores de 70 °C.
Se alegará que no tenemos una red de ultracongelación, la cual vale millones de dólares, porque cuentan con un motor y un sistema refrigerante especial y que su mantenimiento es más caro aún. Además, se requiere que el transporte también cuente con un sistema de congelación especial para que la vacuna no se descongele, que no hay condiciones para invertir, aparte de no garantizarnos que esta sea efectiva, porque ningún funcionario se puso de voluntario para probar la seguridad y la eficacia del medicamento contra la corrupción. No habrá ninguna «carta de intención», solo serán excusas y no se adquirirá la tal vacuna contra la corrupción.
Y si se la regalan, desaparece del aeropuerto, como la mochila de aquel, o bien, se oxida como el avioncito o se embodega y se vencen como los demás medicamentos. Años después, se entierran en una fosa común con bombos y platillos, y ese día, bajo decreto, será declarado un feriado nacional.