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La Semana Mayor: actores, sucesos, sentimientos

Lo ocurrido, en vertiginosa sucesión temporal, durante esos siete dramáticos días, constituye una lección tanto histórica como psicológica. Cada 24 horas nos conducen, progresivamente, al desenlace, marcado por la extrema crueldad y violencia de que es capaz el ser humano actuando en contra de sus semejantes por razones ideológicas y políticas.

Domingo de Ramos: Entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, capital de Palestina, ovacionado por las multitudes como el personaje que liberara a sus pobladores de la opresión y sometimiento de que son víctimas por el dominio imperial romano. Humildad y sencillez de Jesús, no cabalgando en brioso corcel, sí en un jumento. Las veleidades de las masas, hoy exaltando su presencia, más tarde pidiendo su ejecución. El júbilo y exaltación de hoy se convierten en el rechazo de mañana.

Los subsiguientes días están repletos de acontecimientos: por parte del Redentor, sabedor de su destino final, preparando a sus discípulos para que estén física y mentalmente acondicionados para lo que va a ocurrir próximamente, que superen el miedo y desaliento y propaguen su doctrina y enseñanza por los cuatro puntos cardinales de la Tierra. Simultáneamente, sus enemigos, que ven en Jesucristo a un subversivo, que pretende, según ellos, desestabilizar el estatus quo con su doctrina igualitaria, fraterna, compasiva, que favorece a los excluidos y marginados, maquinando, conspirando, preparando las acusaciones que lanzaran en su contra para presentarlo ante las autoridades de ocupación como una amenaza, una revolución de los de abajo, sin voz y sin poder, por tanto acreedor a sanciones severas para escarmentar y desistir de sus mensajes a sus seguidores, cada vez más numerosos. Deben poner un alto, imponiendo un ejemplar escarmiento que inculque terror y pasividad entre el pueblo.

El jueves combina meditación, reunión final con sus discípulos, traición, captura, cobardía, remordimientos, juicio, cargos en su contra, manipulación de la concurrencia presionando al juez imperial que no encuentra fundamento legal en las acusaciones, sentencia condenatoria. Encierro carcelario, preparativos para la ejecución concluyen esa noche previa. Llega el viernes con el recorrido hacia el sitio de ejecución, cargando una pesada cruz que debilita. Aún más su cuerpo, previamente sometido a torturas y humillaciones. Piadosas mujeres, incluyendo tanto a su madre como a la mujer que apasionadamente lo amó, acompañan la comitiva. La fatiga doblega su cuerpo y el látigo se descarga una y otra vez sobre su cuerpo para que se incorpore y prosiga el camino. Arribo al Calvario, crucifixión, reservada a criminales, agonía, perdón a quienes lo martirizan, muerte. Confusión y desaliento entre los apóstoles, convencidos que toda ha terminado, que ya no queda más empeño, que la mentira e infamia han triunfado definitivamente.

Sábado: sepultados sus restos mortales en tumba proporcionada por un seguidor pudiente. Desaliento y desesperanza.

Domingo: resurrección, triunfo de la vida sobre la muerte. Recuperación de la fe, los apóstoles retoman la misión a ellos encomendada: difundir en tierras cercanas y lejanas la buena nueva.

Son muchos los participantes de este drama: hombres, mujeres, judíos, paganos, nativos, romanos, sacerdotes, pobres, acaudalados, enfermos, verdugos, soldados, jueces,

Unos conocidos por su nombre, otros seres anónimos, todos y todas participando en estos acontecimientos que han quedado plasmados tanto en los libros religiosos como en

Los seculares, objeto de estudio e interpretaciones diversas, pero que no pierden ni actualidad ni vigencia.