La paz no es un silencio absoluto, porque bien puede estar amordazado el llanto, el grito de la furia o la palabra que denuncia.
La paz no es la quietud, porque quieto es el campo de batalla que soporta sobre su tierra a los muertos de una guerra y quieto está el temeroso de la violencia.
La paz no es la sonrisa, porque bien puede ser de un solo lado. La paz en definitiva no tiene que ver con un rocambolesco monumento que puede decir la verdad o no.
La paz más tiene que ver con el bullicio que no ofende ni es causa de riña, sin importar su origen o contenido. La paz más tiene que ver con el devenir del mundo aceptado tal cual es, la paz más tiene que ver con la comprensión de la tristeza y el consuelo del llanto. La paz tiene que ver con la denuncia abierta y valiente.
Llevamos semanas pidiendo paz, pidiendo tranquilidad para Honduras, porque sabemos que no se atraviesan momentos fáciles, sin embargo, la paz no es algo que se alcance con el deseo de unos cuantos, porque en primer lugar no es un deseo, es un acuerdo, y el acuerdo siempre implica más de uno.
La paz puede implicar perfectamente un enfrentamiento, en la que nadie, lógicamente, se vea violentado.
La paz se conseguirá cuando los políticos, sus seguidores, y en última instancia todos, sigan las reglas del juego y estas antes estén claras, cuando respeten a la población, cuando sean capaces de escuchar al otro.
Y no estoy hablando de utopías, estoy hablando de algo que unos niños en un salón de clases son capaces de hacer.
Y alguno dirá que los niños no se juegan el destino de un país y de millones de lempiras, pues con más razón hay que escuchar al otro, y ponerse de acuerdo, hay que ser serios cuando se juega el destino de ocho millones de personas (siendo impreciso en el dato).
Esta ausencia de paz que vive el país se viene fraguando desde hace muchos años, no es producto de estas elecciones o del proceso de 2013, o los acontecimientos de 2009, porque la paz está íntimamente ligada al respeto y la tolerancia, y estos dos valores son culturales, y en consecuencia la paz también, es decir, que se educa para ellos en la escuela y en el hogar.
Lleva años educar en este sentido, la paz significa cambiar la mentalidad de toda una generación y las que le siguen.
Honduras como cualquier país anhela la paz, pero falta que todos los que la conforman se pongan de acuerdo con puntos que signifiquen justicia para todos.
Que la paz no se pida con ligereza, que no sean palabras vacías, que se dijeron porque es lo políticamente correcto. Es algo serio, que necesita un discurso igualmente serio, y uno así se construye acompañado de acciones concretas y contundentes a favor de algo o alguien.