Siempre he tenido la inquietud del por qué la mayoría de intelectuales –por no decir todos- son de izquierda. Por lo menos de cafetín. O del diente al labio. Pareciera que, si quieres pertenecer al mundo de los “intelectuales”, el requisito sine qua non es militar en la izquierda. A contrario sensu, el sujeto puede ser el mejor cantautor, premio Nobel de Literatura, destacado poeta, dramaturgo, filósofo, pero si no parafrasea en los café paradisos –al calor de una copita de vino tinto y aceitunas- una cancioncita de Víctor Jara, un pensamiento de Mao o de Lenin, una poesía de Ernesto Cardenal o, como los más románticos de toda la legión, aquellos que sacan pecho con la boina del Che, ese pobre ser está condenado a ser incinerado, por “derechista”.
La inquietud sobre tan refinados personajes -revolucionarios con calcetines de seda, les llamaba Rodas, el padre de Patricia Rodas- ha rebotado de nuevo en mi cabeza luego de escuchar a mi amigo César Indiano hablando sobre el fracaso de lo que bautizamos como la Ley Anderson.
La iniciativa surgió en un programa al día siguiente de la muerte del recordado Guillermo, junto a la diputada –originaria de La Ceiba y amiga entrañable del famoso cantautor de “El Encarguito”, Audelia Rodríguez. El único propósito de la idea era no dejar que su nombre pasara al olvido y que, de paso, su tempranera muerte y las vicisitudes que le tocó vivir como artista –jalando cables, cargando parlantes, vendiendo discos –según relató Audelia- sirvieran para que otros artistas tuvieran mejor suerte.
Pero Indiano me informa que la ley ha fracasado. ¿Y qué pasó, le pregunté? “No miras que estos intelectuales, como ya sabes como son, en cuanto se dieron cuenta que yo era el que promovía la ley, solo porque dicen que soy de derecha, le fueron a meter cosas en la cabeza a la viuda de Guillermo, y ella pidió que pararan la ley”.
La ley al final se redactó, solo que con otro nombre y, hoy por hoy, se encuentra engavetada.
Adiós a Ley Anderson. Lástima por el recordado cantautor. Y, que les aproveche a los “revolucionarios con calcetines de seda”.
*Periodista