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La guerra de Ucrania entra en su fase más crítica

Mientras se constata el fracaso de la contraofensiva ucraniana y los avances rusos son notorios en algunos frentes, aunque con grandes pérdidas seguramente, el presidente ucraniano, Volodímir Zelesnki, ha puesto el dedo en la llaga en una entrevista ofrecida al periódico norteamericano Washington Post, cuando ha denunciado que si su país no recibe la ayuda militar prometida por Estados Unidos bloqueada por las disputas en el Congreso, sus fuerzas tendrán que retirarse “en pequeños pasos”.

Podríamos estar ad portas de una derrota ucraniana en toda regla y un avance ruso en todos los frentes, lo cual es absolutamente peligroso dada la cercanía del Ejército ruso a la ciudad de Odesa, la llave para unir Transnistria (Moldavia) con las posesiones rusas en Ucrania.

El presidente ucraniano ha sido bien claro: “Si no hay apoyo de Estados Unidos, no tenemos defensa aérea. Sin misiles Patriot, sin inhibidores para la guerra electrónica, sin rondas de artillería de 155 milímetros, vamos a retroceder, retroceder paso a paso, en pequeños pasos”. La situación, como apunta el máximo mandatario ucraniano, es crítica. En esta misma entrevista, Zelenski dijo que Ucrania estaba compensando la escasez de misiles con armamento y sistemas de defensa antiaérea de producción nacional, “pero no es suficiente”.

“Mientras los ucranianos se desangran en defensa de Occidente, el Congreso de Estados Unidos sigue inmovilizado por un puñado de radicales de extrema derecha. Su obstruccionismo es una señal de su analfabetismo geopolítico. Se presentan como patriotas estadounidenses, pero no se dieron cuenta de que detener a Putin en Ucrania es la forma más barata y segura de defender los intereses de la OTAN y de Estados Unidos”, señalaba el profesor norteamericano Igor Lukes con bastante acierto.

Al tiempo que Ucrania sigue demandando armamento y la ayuda occidental se revela como insuficiente para resistir los embates rusos, Rusia sigue con su oleada de ataques aéreos contra objetivos civiles y la infraestructura ucraniana, especialmente la energética.

Los ataques a las instalaciones energéticas pretenden privar a Kiev de la capacidad de librar el conflicto bélico, declaró un experto ruso al diario Sputnik.

Se han producido ataques en los últimos días en Jerson, Odessa, Dnipropetrovsk, Kiev y Poltava, habiendo resultado varias víctimas mortales y heridos, y Rusia sigue usando masivamente sus drones en los ataques, aunque las Fuerzas Aéreas ucranianas han asegurado que ha derribado a nueve de los doce drones utilizados por los rusos en sus incursiones a Ucrania en la última semana.

No cabe duda, pese a que Ucrania ha conseguido liberar algunos territorios tomados por los rusos al principio de la guerra, que el Ejército ruso ha pasado de esta a la defensiva a pasar a la ofensiva en varios frentes de batalla, produciendo algunos avances significativos, como la toma de la ciudad de Avdiivka. Por ahora, Rusia controla aproximadamente el 18% del territorio ucraniano, lo que le da una gran fortaleza de cara unas futuras negociaciones (¿?) con Ucrania, algo que por ahora descarta totalmente el presidente ruso, Vladimir Putin.

El máximo dirigente ruso, como viejo zorro, sabe que los occidentales se están cansando de la guerra, que el próximo inquilino de la Casa Blanca será Donald Trump, con quien previsiblemente se entenderá mejor que con Joe Biden, y que los europeos en el caso de que Estados Unidos se retire de la guerra no serán capaces de seguir apoyando a Ucrania. Ya dos países de la Unión Europea (UE), Hungría y Eslovaquia, han mostrado su rotundo rechazo a enviar armas a Ucrania y especialmente significativo fue el rechazo de la mayoría de los países europeos a la propuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, a enviar soldados y fuerzas sobre el terreno a Ucrania.

El fantasma de lo ocurrido en Afganistán, en donde tras la retirada de las tropas norteamericanas, los europeos salieron huyendo vergonzosamente en horas, gravita sobre la crisis ucraniana.

Por otra parte, pese a que Ucrania ha informado que de Rusia ha tenido a lo largo de este conflicto más de 441.000 bajas humanas y cuantiosos daños en sus Fuerzas Armadas -se habla de hasta 347 aviones, 6951 tanques, 325 helicópteros y 26 buques de guerra, entre otros-, la guerra tampoco ha provocado una bajada en la popularidad del presidente ruso, sino más bien lo contrario, y las sanciones económicas tampoco han causado graves daños a la economía de Rusia, sobre todo porque se han visto amortiguadas por la ayuda de China, India, Irán, Corea del Norte y el incumplimiento de las sanciones por parte de Turquía, Grecia y otros países. Rusia sigue vendiendo su gas y petróleo sin problemas en los mercados internacionales, mientras sus aliados le siguen suministrando repuestos militares.

ERRORES DE OCCIDENTE, MIENTRAS PUTIN SIGUE SU ESCALADA

El error estratégico de Occidente ha sido creer que en una guerra de larga duración y de desgaste, en la que se ha convertido la de Ucrania, se podría derrotar a Rusia. Ucrania está mostrando graves carencias en la conducción de la guerra y sus Fuerzas Armadas no estaban preparadas para resistir el contundente ataque ruso, tal como se está viendo gráficamente en estos días. No se trata de apelar a la rendición unilateral, como hizo el Papa, de Ucrania, a la que le asiste la justeza moral y ética de su lucha contra la brutalidad rusa, sino de aceptar objetivamente que el conflicto debe encauzarse de una vez por todas por la vía política y diplomática cuanto antes.

Resulta imposible que Crimea vuelva a reintegrarse en Ucrania, ya que es una situación de facto que incluso fue aceptada en cierta forma por Occidente cuando se produjo, en el año 2014, para evitar una confrontación directa con Rusia.

Ahora, sin embargo, el tiempo corre en contra de Ucrania porque con Trump en la Casa Blanca, que ha dicho que resolverá el conflicto de Ucrania en “veinticuatro horas” seguramente obligando a los ucranianos a aceptar la pax rusa, el curso de la guerra tomará un camino impredecible. Sin embargo, no se detecta en la parte rusa ninguna voluntad de diálogo y menos de sentarse a negociar con la contraparte ucraniana, sino más bien lo contrario.

El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y expresidente, Dmitri Medvedev, presentó la pasada semana los detalles de la llamada “Fórmula de Paz rusa” para poner fin a la invasión a Ucrania, que exigiría la rendición incondicional de Kiev, el pago de todas las compensaciones debidas a Rusia y la anexión de todo el territorio ucraniano a cambio de que el Kremlin ponga fin a las hostilidades. Sobre estas bases, es imposible construir nada y comenzar un diálogo serio y justo.

Aparte de estas consideraciones, Putin utilizará el reciente y misterioso ataque terrorista de Moscú para unir al país detrás del Kremlin. Lo utilizará para movilizar a más hombres para el servicio en Ucrania.

Seguirá difundiendo la mentira de que esto fue ideado por las fuerzas especiales ucranianas, Estados Unidos y Occidente, mientras crecen la sospechas de que los servicios secretos rusos, el FSB, podrían estar detrás del atentado terrorista reciente, algo nada raro, como ocurrió en anteriores atentados terroristas. La seguridad de los rusos bajo la dictadura de Putin siempre es discutible, abiertamente siniestra, y nadie sospechará nada de nada. La guerra va para largo y a Ucrania se le agota el tiempo, la situación nunca ha sido más crítica.