Columnistas

La cocora

Nadie la recuerda pero hasta 1970 era parte expresiva del lenguaje hondureño y representaba a una figura que inevitablemente asusta. Mitad animal, mitad gente, salía del reino oscuro para asaltarle a brincos el corazón a los descuidados, particularmente a quienes caminaban malos pasos. “Me salió la cocora” era frase ambigua pero certera: implicaba que algo (lechuza, gigante rana, perro hidrófobo, dragón o vieja desdentada) le había puesto galope al alma de la persona sacándola de juicio, es decir llorando, gimiendo, meándose de pavor. Nadie sin embargo pudo constatar que la cocora existe, siendo su presencia chanza supersticiosa, juego ficticio, desfogue de la imaginación.

La época en que más apareció la cocora en el mundo fue en las décadas de 1940 a 2000, cuando el combate ideológico de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, pues fue allí donde surgieron algunos de sus peores mitos: que los comunistas almorzaban niños, que el imperialismo mataría a la humanidad, que el socialismo robaría las propiedades a los pobres, que los yanquis esterilizaban indígenas en Perú, mitades verdades, mitades frutos de ignorancia y ficción, o sea la cocora. Luego entraron al juego los grandes medios de comunicación (de Washington Post y New York Times a Pravda y Selecciones del Reader’s Digest, incluyendo las iglesias) y la panadería de eslóganes no se cansó de amasar y producir: que los chinos comunistas acababan de hambre a veinte millones de individuos, que EUA lanzó 7.5 millones de toneladas de bombas sobre Vietnam, que Stalin asesinó diez mil enemigos, que Franco victimó doscientos cincuenta mil, todo un pastel con más verdad que mentira. La cocora y sus huellas de arena.

Y cuando uno creía que la cocora se había extinguido, llevada al azur por la vigencia infatigable de la ciencia, la tecnología y la verdad, he aquí que resucita a fines de junio en Tegucigalpa (que no en el resto del país) con ocasión del Foro de Sao Paulo: que es congregación de terroristas, que vienen a apalancar la inevitable y pronta dictadura de Libre, que se extingue la democracia nacional (ja ja Santa Choloma y San Merendón, cuál “democracia”), que los partidos libres protestan, entre ellos cachurecos y fiebres, como se llamaba antaño a conservadores y liberales, ambos hoy reaccionarios, y, sobre todo, que el Foro conspira para apagar por siempre la incombustible, inédita y espiritualmente fosfórica llama de la cristiandad que entibia a todos...

“¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!”, clamaba el pollito de la fábula, pero en el caso de los retrógrados y reaccionarios políticos de hoy lo único que se viene al suelo es su prestigio y madurez pues pelean batallas del pasado, cuando el autoritarismo era amenaza real. Da tristeza escuchar a estos venerables señores y señoras que presagian desastres sociales sin haberlos, revoluciones violentas sin condiciones, dictaduras sin posibilidad y un sistema estatal comunista que, con aquellas características, sólo ocurre en la mente de izquierdistas trasnochados, quizás estalinistas. Sus cabezas albergan catedrales medievales de susto y miedo.

El Foro de Sao Paulo vino y se fue y la única que quedó ridículamente delirando en el patio nacional fue la cocora.