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Junín 1824, acto de heroísmo, encuentro de todas las sangres

La batalla de Junín, acontecida el 6 de agosto de 1824, ha sido llamada “la antesala de la Libertad” por los estudiosos y seguidores de la gesta bolivarianista en América al producirse cuatro meses antes de la decisiva batalla de Ayacucho “que selló los destinos de América independiente” (Muñoz, 2011).

Jorge Luis Borges sintió siempre una fascinación especial por esta batalla donde la victoria se debió a la acción de un ancestro suyo cuando las fuerzas de la caballería patriota parecían irremisiblemente perdidas. El jefe de ese ataque fue el oficial argentino Manuel Isidoro Suárez de los Húsares del Perú, bisabuelo de Borges que lo inmortaliza en tres poemas siendo -probablemente- el más conocido “Página para recordar al general Suárez vencedor de Junín” (Vich, 2019).

Borges visitó la ciudad de Lima (Perú) por primera vez en 1965 invitado por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). En sus primeras declaraciones, el 26 de abril, mencionó con emoción el recuerdo familiar de su bisabuelo y que fue bautizado también con el nombre de Isidoro (Muñoz, 2019). En la conferencia de prensa de ese día, expresó, respecto a la literatura peruana, que había leído a José María Eguren y a César Vallejo (Batalla, 2019) cuyo poemario “Trilce” se acerca al centenario de su publicación, y recordó nuevamente la gesta independentista. El día 27 Borges recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la UNI y el día 30 “[...] cerró su visita de manera colosal recibiendo la Orden del Sol del Perú en el Grado de Comendador, que le concedió el gobierno de Fernando Belaúnde Terry” un reconocido demócrata latinoamericano (Batalla, 2019).

De acuerdo con el investigador Torres (2012), la victoria de Junín se atribuye a Bolívar como Jefe de las fuerzas en liza, pero la derrota de las tropas de la Corona se habría producido gracias a una genial desobediencia. Sigamos el relato de Torres desde el momento en que la caballería patriota está siendo avasallada por los jinetes del español Canterac, “[...] a diferencia del ejército real que no había dejado ninguna unidad montada de reserva, en la caballería independentista aún quedaba sin tomar parte de las acciones el primer escuadrón de húsares peruanos al mando del comandante Isidoro Suárez, a quien el mayor José Andrés Rázuri comunicó una falsa orden de cargar a la caballería realista que galopaba en persecución de los patriotas”. Alcanzado el triunfo, el Mariscal La Mar llamaría más tarde a Rázuri para increparle su audacia sentenciando: “Debería usted ser fusilado, pero a usted se le debe la victoria”. Con lo que se ve que, con el devenir histórico, los laureles fueron atribuidos a múltiples protagonistas. El 46% de los jinetes caídos en ese combate fue de nacionalidad peruana, ninguno de los heridos sobrevivió debido al intenso frío ya que el encuentro se desarrolló en los Andes a cuatro mil metros de altura.

Junín fue una batalla cuasi silenciosa, sin pífanos, sin himnos, sin cañonazos, sin gritos de guerra; los historiadores aún se preguntan sobre “[...] las causas que permitieron que la batalla se desarrollara sin que se oyeran disparos. No hay una sola respuesta al interrogante, pero la más creíble es la que sostiene que las desinteligencias con la infantería de Sucre en las filas patriotas explican que quienes hayan entrado en combate sean las caballerías de ambos bandos” (Borges, 1965, citado por Torres, 2012).

Se afirma con frecuencia que la batalla Junín, más que un acontecimiento histórico es un acto de heroísmo (Granda, 2019) donde se enfrentaron jinetes de muy diversas latitudes latinoamericanas y esto vale también para las fuerzas del Rey donde solo la oficialidad era española y el resto de las escuadras estaban conformadas por diestros caballistas del Perú y del Alto Perú. Pero no fueron las únicas sangres combatientes, las había también de otras partes de Europa. Se trató entonces de un multinacional encuentro de sable, lanza y cuchillo donde participaron, en una mixtura de valor, arrogancia y determinación, soldados de diverso pasado, algunos con reminiscencias napoleónicas. Así, entre los partidarios de la libertad encontramos, entre otros, a los germanos Otto Braun, Carlos Sowersby (Torres, 2012) y Ludwig Friedrich Rasch, el italiano Francesco Baroni, el Coronel Bruix, el capitán Pringles y los hermanos afrodescendientes Miguel, Manuel y Mariano Barros, suboficiales patriotas cuyo padre, Mariano, era músico mayor en el bando contrario integrando la banda de guerra del ejército realista como compositor (Parte de Batalla del General Sucre citado por Torres, 2012; Raffo, 2022).

En el 198° aniversario de este acto de civismo en Junín, rememoremos la moraleja que nos transmite Borges para que la gesta de estos hombres que ofrecieron sus mejores esfuerzos y sus mejores años por esa noción de libertad que llamaron Patria y para evitar que sus trabajos no se vuelvan cosas inútiles y olvidadas en vitrinas de museos, debemos recordar a esos ciudadanos -y a sus contendores- que con épica porfía labraron los primeros pasos de las entonces jóvenes repúblicas sudamericanas.

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