Columnistas

¡Jesús, María y José!

El primer concilio de las iglesias Católica y Ortodoxa (después hubo seis más) aconteció el año 325 en Nicea (o Nicaia, urbe de Grecia), convocado por el imperio romano. El cónclave fue importante pues hasta entonces el credo de esas congregaciones era un turumbún teológico, político e ideológico, con 42 tendencias, creencias, corrientes interpretativas del Nazareno, sus padres y su enseñanza espiritual, además de biografías y “escrituras” apócrifas, o sea dudosas y no aceptadas.

Pero sobre todo acontecía una confusión tremenda sobre cómo debía considerarse a los actores esenciales de la fe: si Jesús fue sólo un hombre (doctrina arrianista), dios o ambos géneros; si el espíritu santo precedía a dios padre y por ende al hijo o si el trío era consustancial; si para concebir a Cristo ocurrió la intervención de un ángel que preñara a María o si José era el progenitor carnal. Obvio que el canon religioso (eso que hoy aseguran procede de lo divino) se estaba formando y había mil opiniones al respecto, hasta que tras este concilio y el de Constantinopla (381) se impuso una tendencia conceptual que consiguió consenso y fue norma hasta hacerse Credo y palabra “santa” irrefutable.

Nada santa. Lo que ahora honramos como religión jamás fue escrito por dios sino dictado por humanos con terribles dudas, inmensas interrogaciones, poderosos intereses y ansias monstruosas de figurar cual santos (modelos, ejemplos) para la humanidad.Constantino I, emperador de Roma, armó ese primer concilio ecuménico para torpedear los intensos debates que se daban -con destierros, envenenamientos y asesinatos al medio- en torno a la cuestión cristológica de la naturaleza del hijo de dios y su relación con el Padre, la construcción de una primera doctrina cristiana uniforme, definir cuándo era Pascua y temas similares, como quitar al sacerdote el poder de manejar dinero de la iglesia e impedirle vivir junto a ninguna mujer que no fuera pariente (principio del celibato luego furiosamente sostenido, a diferencia de la iglesia británica).Lo que ocurría es que si los curas católicos se casaban dispersarían la riqueza de la iglesia (limosnas, legados, bulas, herencias), por lo que había que cortar tal inclinación (muchos se autocastraron).

Tras el sínodo de Nicea una nueva doctrina defendida por Macedonio afirmaba (en el Concilio de Constantinopla) la divinidad de Cristo pero la negaba al Espíritu Santo (nombrada herejía macedonia). Horrible confrontación entre obispos. Se decidió allí cuáles serían las cuatro y únicas Escrituras bíblicas aceptadas (entre otros 154 evangelios apócrifos) y se calculó (erróneamente) que Jesús había nacido el 25 de diciembre del año 753 ab urbe condita (o sea tras ser Roma fundada), tomando ese año como número uno para la fórmula d. C.

Se aceptó el cuento de que pastores de ovejas recibieron en los alrededores de Belén la aparición de un querubín que les anunció el nacimiento del Niño Salvador, por lo que fueron todos a adorarle, más otras anécdotas, como la presencia del buey y la mula y en particular la pureza sexual de sus padres, incontaminada, y que hizo de María madre impoluta.Para que veas desde donde viene, hace dos mil años, el desarrollo masculinista de tu iglesia.