Aunque aún no nos damos cuenta, el año 2023 marcará un antes y después. Así como hace unos 30 años el internet vino a cambiar el mundo y nuestras vidas, la inteligencia artificial (IA) está produciendo una nueva revolución que trascenderá lo digital. Algunos lo están llamando una nueva revolución industrial.
La IA ha venido desarrollándose por varias décadas, las grandes corporaciones como Google, Apple, Meta y Microsoft vienen usando algoritmos en sus programas y para vender productos -o colocarnos ideas- según nuestros hábitos en internet.
Pero en el 2023, la IA ha tenido un salto exponencial, pues la tecnología se ha hecho más accesible, barata y a la medida de necesidades empresariales y particulares. Ahora los programas ya no solo computan y analizan datos, sino que están conversando con uno y creando nuevo contenido.
Uno simplemente tiene bajar ChatGPT para darse cuenta del cambio.La historia nos ha demostrado que más tecnología puede significar mejores buenos tiempos, pero también peores malos tiempos.
En un país como Honduras, con grandes rezagos en educación, con mucha mano de obra poco cualificada, baja competitividad y con una oferta de bienes y servicios al mercado global poco diversificada, el impacto de la IA puede ser catastrófico en sectores que son susceptibles a la automatización.
Aunque puede ser demasiado pronto para predecir el grado de desplazamiento de trabajadores no cualificados, la evidencia que surge del Fondo Monetario Internacional y el Foro Económico Mundial muestra un panorama poco alentador para los próximos años.
En términos de producción, rubros como la agricultura, los call centers, los alimentos y la construcción serán afectados por la IA, pues las máquinas y robots desplazarán a las personas; trabajando 24/7, sin derechos laborales y con menos costos. Paradójicamente, la IA vendrá a complementar a los trabajadores más cualificados, produciendo mayor desigualdad de ingresos.
Otro efecto será la reducción de la inversión extranjera en el país, pues el aumento de la productividad de los robots naturalmente alimentará una fuerte demanda de más inversión en más robots.
El dinero que podría venir a invertirse en Honduras se quedará en el extranjero.La IA podrá tener efectos transformativos en el sector público, pero para eso los algoritmos requieren datos e información de buena calidad más allá de lo que pide una ley de transparencia.
Los países cooperantes que producirán más emisiones de carbono debido al incremento de las máquinas tendrán que apostar por proyectos de IA para el desarrollo que ayude a complementar al trabajador y no lo venga a desplazar.
En fin, mientras algunos políticos continúan sacando provecho de la retórica antineoliberal y empresa privada, la IA viene con nuevas reglas y prácticas para generar riqueza que no tienen trasfondo ideológico. De nada sirve luchar contra la explotación capitalista cuando seremos irrelevantes para el mundo.